Convencido de que el teatro es más amable con el actor, Bonilla revela que nunca se ha interesado en amasar una fortuna y a ello se debe que sea padre de proyectos independientes de promoción a las artes nacionales, como su programa teatral Museo Vivo. Foto Cuartoscuro
Sonia Avila/Excélsior
México, D.F..- Para el actor mexicano Héctor Bonilla actuar en 126 obras de teatro, dirigir 41, escribir cinco y participar en 38 películas, durante más de 30 años de carrera, no significa la felicidad. Poder vivir en amor y respeto con su familia y amigos es su verdadera plenitud.
Autodefinido como un hombre coqueto, comprometido con el trabajo, puntual por naturaleza y despreocupado de la fama, Bonilla confiesa que a sus 60 años disfruta de la vida, de lo material y espiritual, no como un acto de egoísmo, sino como un resultado de décadas de trabajo.

En entrevista con Fernanda Familiar para Grupo Imagen, el actor, que igual participa en televisión, en teatro vestido de mujer o detrás del telón apoyando la cultura, cuenta que no pretende caer en las manos de la inmortalidad, pues prefiere disfrutar el día, que siempre termina con una lectura recostado en su recámara.

"Estoy intensamente vivo, eso me ha conducido a que en este momento pueda disfrutar de todo lo que he acumulado, pero sobre todo de aprender de la vida", remarca quien se formó en la Escuela de Arte Teatral del INBA.

Convencido de que el teatro es más amable con el actor, Bonilla revela que nunca se ha interesado en amasar una fortuna y a ello se debe que sea padre de proyectos independientes de promoción a las artes nacionales, como su programa teatral Museo Vivo.

Para el actor la vida es el único y más preciado tesoro, luego de haber padecido la muerte desde los seis años, cuando partió su abuela, años más tarde sus primos, luego sus padres y tres de sus hermanos. Hoy se atreve a decir que le conoce los ojos a la muerte.

Así el amor a la vida lo ha empujado a luchar por la congruencia de sus principios con sus metas profesionales, de sus deseos con los caminos que toma para cumplirlos, y de sus actos con sus emociones.

"Tengo un dicho: Para una relación eventual o para el amor eterno, para decidir el futuro político y económico de la nación o para comer unas garnachas con chile, siempre en lo que quedamos. Y es lo que no hay, llegas al banco, a la gasolinera y todo falla porque la gente no es congruente", dice.

Pero Bonilla sí es congruente y ha rechazado ofertas de trabajo fuera de sus valores. "Elegir es un lujo, pero la idea es no bajar los brazos nunca. De las cosas que me he negado hacer es porque afectan mis principios. Me acuerdo, al azar, de una novela que era propaganda religiosa en Televisa", comenta.

Por ello, el cariño de Bonilla es para el teatro. Ahí, ha interpretado personajes tan insólitos en una misma puesta.

Como enYo soy mi propia esposa, donde es una mujer, el esposo, un entrevistador y cerca de 30 personajes más.

Pero la versatilidad del actor no sólo se da en el escenario; también en la plática que ameniza con anécdotas de la infancia, su opinión sobre política, los libros que todavía le sorprenden y de los festejos del Bicentenario.

"Yo no veo la celebración gratuita. Pienso que debemos conmemorar desde un punto de vista analítico, crítico y propositivo, porque hay que ver qué hacemos con el caudal que nos dejaron los héroes, porque estamos en medio de un hoyo", advierte.