El jefe del Kremlin, Dmitri Medvedev, parece sentirse cómodo en Estados Unidos. Foto EFE/Vanguardia
Washington, EU.- El jefe del Kremlin, Dmitri Medvedev, parece sentirse cómodo en Estados Unidos. Su última visita tuvo lugar hace sólo dos meses y sin duda guarda de ella un grato recuerdo. Como un "impresionante desempeño" elogió su paso por suelo norteamericano el Instituto Brookings de Washington, usualmente frío y académico.
El motivo de aquella visita fue la cumbre atómica convocada por el presidente Barack Obama, con quien Medvedev parece tener una buena sintonía. El mandatario ruso subrayó entonces su "especial relación de confianza" con Obama al anunciar que ambos líderes planeaban coordinar la futura política internacional a través de mensajes SMS y correos electrónicos. De cualquier manera, un encuentro personal cuando Medvedev llegue a Estados Unidos este martes no vendrá mal, en vista de los delicados problemas que reclaman la atención de ambos presidentes.

La crisis en Kirguistán, el desarme nuclear e incluso las nuevas tecnologías; estos temas, entre otros, lleva Medvedev en su pesada valija. Su primera escala no es casual: Silicon Valley en California, el sitio que ha inspirado los planes para la creación de un centro de alta tecnología en Rusia. Un representante de poderosos fondos de riesgo detalló recientemente en una reunión personal con Medvedev en Moscú las dificultades para invertir en su país.

Por su parte, la Casa Blanca anuncia con orgullo que Medvedev encontrará en Silicon Valley "la excepcional combinación de factores que han hecho posible este importante centro de progreso técnico y espíritu empresarial". Washington ha olfateado el negocio: "El presidente Obama se alegrará de aprovechar su próxima reunión con el presidente Medvedev para explorar posibles caminos hacia una mayor cooperación en materia de comercio, inversiones e innovación".

Tras el acuerdo de desarme de Praga, Rusia quiere extender el "nuevo comienzo" de las relaciones bilaterales al terreno económico, dijo también el ministro ruso del Exterior, Serguei Lavrov, en un reciente foro en San Petersburgo.

Rusia espera importar tecnología estadounidense para recuperar parte del terreno perdido. El primer proyecto conjunto podría ser el desarrollo de un avión de transporte, estimó Lavrov. Medvedev hablará en Estados Unidos también sobre el ingreso de Rusia en la Organización Mundial de Comercio, para que el país más extenso del mundo atraiga más inversiones. Las negociaciones para la entrada de Rusia en la OMC llevan varios años sin resultados concretos.

Siempre un "nuevo comienzo": en los últimos 18 meses se han dado "pasos importantes", afirma satisfecha la Casa Blanca después de que al final del mandato de George W. Bush las relaciones con Moscú pasaran por su peor momento desde la desaparición de la Unión Soviética en 1991. Ahora se subrayan la firma del acuerdo de desarme nuclear de Praga y las sanciones contra Corea del Norte, la posición común frente al desafío nuclear de Irán y una nueva comisión ruso- estadounidense que ha "intensificado dramáticamente" la cooperación en diversas áreas.

Sin embargo, aún hay obstáculos por superar. El Tratado de Reducción de Armas Estratégicas (START) rubricado en la reciente cumbre de Washington no ha sido ratificado por el Congreso estadounidense ni por el Parlamento ruso. Lavrov exige antes que Estados Unidos aclare sus planes para el sistema de defensa antimisiles que planea instalar en Europa. También su homóloga estadounidense, Hillary Clinton, considera que es necesario discutir este asunto.

La reunión de Medvedev con Obama en la jornada previa a la cumbre del G8 y el G20 en Toronto, Canadá, contiene una considerable dosis de potencial conflicto. Medvedev criticó abiertamente hace pocos días los planes de Washington para endurecer las sanciones contra Irán como "inconsultas" y "perjudiciales". El presidente ruso también advirtió de que no se debe utilizar la crisis en Kirguistán como pretexto para extender la presencia de tropas estadounidenses en el "patio trasero" de Rusia. La base militar de Manas, que Estados Unidos construyó en 2002 en Kirguistán para apoyar la lucha antiterrorista en Afganistán "no debe permanecer por siempre", según Medvedev.

Esto puede ser un problema para el gobierno de Obama, que planea comenzar la retirada de sus tropas de Afganistán en julio del año que viene. Por eso, no resulta sorprendente que Washington adopte en esta cuestión un tono de cautela. "El consenso aquí es que Estados Unidos, Rusia y otros países aborden este tema a nivel internacional", dijo hace pocos días un alto funcionario estadounidense.