El Universal
Cuando gastar innecesariamente es más común de lo que parece y se convierte en algo habitual, se pone en riesgo la economía personal y de la familia. Si esta práctica persiste, es necesario acudir con especialistas
Ana Estrada acostumbra a ir de compras como pasatiempo. En su alacena, guardarropas y vivienda tiene productos que compró, pero que no usa o simplemente los utilizó una vez y luego los dejó en el olvido.

Ana es de las personas que no puede dejar ir una "buena oferta"; siempre está atenta a lo que hay en las zonas de liquidaciones y a veces no sólo gasta para ella, sino para alguien más sin un motivo especial.

A veces, la trabajadora de 25 años de edad se siente arrepentida después de una compra, pero siempre quiere impresionar con su forma de vestir o tan sólo con salir con sus enormes bolsas de las tiendas departamentales.

Según la American Psychiatric Association, este tipo de personas sufren los llamados trastornos compulsivos-obsesivos.

Estos problemas consisten en que los individuos se enfrentan a una serie de eventos (manifiestos o encubiertos) que generan ansiedad. Para aliviar esto ejecutan una serie de conductas, en este caso las compras.

Según el movimiento Deudores Anónimos (DA), cuando se gasta de manera excesiva se busca ocultar algún sentimiento o situación incómoda.

El problema es que muchas veces las finanzas personales se ponen en riesgo, pues al gastar sin orden, sin realmente adquirir lo que se requiere, peligrará la economía familiar.

"Debido a que a menudo se usan tarjetas de crédito u otras formas de débito, gastar en exageración lleva a pedirle prestado a familiares, amigos o simplemente a comprometer el futuro".

Según DA, el primer paso para saber si uno es consumidor compulsivo es un test: si vas a la tienda sin una lista de necesidades y compras muy por encima de tus posibilidades, ese puede ser una señal de alerta.

Ana, cuando compra, no hace comparaciones entre diferentes precios, hojea de manera cotidiana los catálogos comerciales de las compañías y autoservicios; una de sus conversaciones favoritas es hablar sobre las ofertas.

Si bien la mayoría de las personas no llegan a estos límites, es conveniente tener en cuenta algunas recomendaciones para no pasar por esta situación.

Según DA, para solucionar el problema, la primera recomendación es aceptar que se es compulsivo o se camina hacia esa inclinación.

El siguiente paso es modificar conductas que ponen en riesgo gastar de forma inadecuada.

La otra es eliminar o reducir las causas espirituales o emocionales fundamentales de la manera compulsiva de gastar.

En principio, hay que acudir a las tiendas con una lista de lo que realmente se necesita y mantenerse al máximo en esa línea.

También se deben evitar los canales de compras por televisión, no consultar los catálogos de ventas y, mientras haya publicidad por medios electrónicos, entretenerse mejor en otra cosa.

También es bueno identificar tus "zonas resbalosas" tales como librerías, ventas de garaje, tiendas para el mejoramiento de la casa, invernaderos, sitios de compras por internet, cafés, etcétera.

Cuando salgas a verificar precios y hacer comparativos, es bueno dejar en casa el efectivo, la chequera y las tarjetas.

Emplea la regla de las 72 horas. Espera algunos momentos después de haber elegido algo antes de comprarlo, a fin de que no te arrepientas y estés seguro de que en realidad lo necesitabas.

Trata de platicar con algún familiar o amigo respecto de las compras que vas a hacer. Así te dirá si lo que realmente planeas es bueno o simplemente es otro de tus caprichos.

Organiza el tiempo de compras para que te puedas dedicar a otras actividades y entretenimientos. Después de trabajar de manera constante sobre estos puntos, realiza un balance de lo que ganas y verifica en dónde se puede ahorrar; ello puede ser una tablita de salvación para evitar entrar en esa espiral del consumismo.

Ana Estrada ya acude a un grupo de deudores compulsivos y está en camino de identificar cuáles son las causas de este comportamiento. Por lo pronto, los beneficios ya son tangibles y las deudas de sus tarjetas ya empezaron a bajar.