Notimex
México.- Con viandas de ricos canapés, pasteles decorados con hoja de oro y brochetas de camarones gigantes, fue recibida la cineasta Hanna Pollak, autora del filme "Los niños de Leningrado", invitada por la Comisión Nacional de Derechos Humanos.
El hecho tuvo lugar anoche en la Cineteca Nacional, cuya sala 4 se colmó de funcionarios de esa comisión nacional, comunicadores y un gran público, todos ansiosos por conocer el documental. Sin embargo, a los pocos minutos de corrida la película, periodistas y gente común cayeron en profunda decepción.

"Los niños de Leningrado" ("Dzieciz Leningradzkiego"), filme de crítica fechado en Polonia en 2004, por sus directores Hanna Pollak y Andrzej Celinski, con guión de ellos mismos, muestra la realidad de muchos infantes rusos sin hogar, en particular de un grupo que vive en la estación de tren de Leningradsky en Moscú, en cuyas vidas, miseria, carencias y sueños rotos. se adentra el espectador.

En el filme, se ven numerosos niños, quienes para sobrevivir tienen que mendigar, robar y prostituirse. Según Pollak, aproximadamente hay 30 mil niños sin hogar en Moscú; duermen en escaleras, basureros, estaciones del metro, entre tuberías que suministran agua caliente y alcantarillas.

En el documental, muchos de esos niños huelen el pegamento para contener el hambre y escaparse del violento mundo que les rodea. Consideran que la vida en las calles es una alternativa mejor a la que han experimentado, incluso en sus hogares. Cada año 100 mil menores prefieren vivir en las calles de Moscú.

Terminada la proyección, Moctezuma Barragán felicitó a la cineasta, le entregó una medalla como premio por haber aceptado la invitación al país, y públicamente dejó ver la posibilidad de que ella realice un documental similar en México, con los niños de la calle, ya en su tercera generación.

Tras la proyección del filme, en una acalorada sesión de preguntas y respuestas, el público criticó a la Comisión Nacional de Derechos Humanos al señalar que si en el documental de Pollak se pueden ver chicos que tienen que buscarse la vida para sobrevivir al duro invierno, "en México nada más hay que darse una vuelta por Garibaldi, la Alameda Central, Tacubaya, La Merced o La Villa para ver en vivo, con sus olores y lágrimas, a ese tipo de niños".