Minneapolis.-Si los artistas pintan autorretratos para afirmar su arraigo a la vida, ninguno lo hizo de manera más audaz que Frida Kahlo, quien soportó el dolor de una parálisis y las infidelidades de su esposo hasta con su hermana.
Sola y a menudo abandonada, el sufrimiento de la artista mexicana se vive a través de una nueva colección de su obra organizada por el Centro de Arte Walker con motivo del centenario de su nacimiento.

Se trata de una muestra que reafirma a Kahlo como un icono cuyo arte es tan inmediato y poco sentimental como su propia lucha contra la adversidad, obtenido en préstamo del Museo Dolores Olmedo de Xochimilco, México.

"Lo que más le gusta a la gente de Frida Kahlo es la reacción emocional (que les produce), ese golpe en el plexo solar que obtenemos de su trabajo", dijo el biógrafo Hayden Herrera, quien ayudó a curar la exhibición a inaugurarse el sábado en esta ciudad, y que el próximo año llegará a Filadelfia y San Francisco.

La vida de Kahlo cambió drásticamente tras un accidente en tranvía que tuvo a los 18 años y del que salió gravemente herida. Se sometió a una serie de dolorosas cirugías por daños en la columna y la pelvis y tuvo que usar yesos hasta el día de su muerte, en 1954, a los 47 años.

Postrada en cama, comenzó a pintar y uno de sus primeros admiradores fue Diego Rivera, el celebrado muralista y activista con quien se casó en 1929 y quien la acompañó hasta el final, pese a que le rompió el corazón a menudo con sus aventuras amorosas y su divorcio.

En un retrato de la pareja de 1931, el voluminoso Rivera domina a una Kahlo infantil con una estética primitiva, básica y aparentemente simple que hace referencias al arte folklórico mexicano, al igual que los amplios vestidos y grandes joyas de la artista.

Brillantes toques tropicales de su tierra (pequeños monos y loros domesticados y flores como aves del paraíso) a veces aparecen en el fondo de sus autorretratos, con una alegría que contrasta con la intensidad de su mirada.

"Se pintaba a sí misma porque estaba sola, pero era realmente una interminable búsqueda de identidad y la necesidad de confirmar su realidad", dijo Herrera.

Kahlo también tomó la tradición mexicana del pequeño milagro religioso, una pintura hecha en gratitud a los milagros.

"Henry Ford Hospital", por ejemplo, es un pequeño cuadro de 1932 sobre su aborto natural en un hospital de Detroit. Unidos como desgarradores globos que flotan sobre su cuerpo desnudo y sangrante en una cama de hospital, hay instantáneas de su sufrimiento: un orquídea obsequiada por un admirador, una imagen esquemática del cuerpo femenino y su pelvis rota, una caja de metal usada para esterilizar instrumentos quirúrgicos y un feto muerto.

"Este era un modo muy valiente en el que ella veía su propio cuerpo, de un modo nunca antes representado", opinó Elizabeth Carpenter, otra curadora de la muestra. Agregó que Kahlo pintaba ante todo para ella.

En 1939, cuando se divorció de Rivera tras una exitosa exhibición en París donde se impuso sobre estrellas como Picasso y donde el Museo del Louvre compró uno de sus autorretratos, pintó "Las dos Fridas".

En el cuadro, dos Fridas están unidas no sólo por sus manos (que dijo era porque su único apoyo era ella misma), sino también por una vena impresionantemente realista que emana de un pequeño medallón en el que aparece Rivera de niño. La Frida de la izquierda, la que dijo Rivera ya no amaba, intenta cortarse las venas, pero la sangre se derrama sobre su vestido blanco, manchando su dobladillo bordado con pequeñas flores rojas.

Como en todos los demás autorretratos de Kahlo, ambas Fridas miran al espectador.

Es disonante entrar a la última sala de la exhibición y verse rodeado de fotografías (algunas del tamaño de un sello postal) de Kahlo y Rivera que fueron parte de su colección privada. Ambos lucen extraños dentro de su familiaridad: Kahlo fumando un cigarrillo, abrazando a uno de sus perros, bebiendo directamente de una botella. En unas pocas, de hecho, aparece sonriendo.

La muestra "Frida Kahlo" permanecerá en el Walker hasta el 20 de enero del 2008 y estará en el Museo de Arte de Filadelfia del 20 de febrero al 18 de mayo, y en el Museo de Arte Moderno de San Francisco del 14 de junio al 28 de septiembre.

A cambio, el Museo Dolores Olmedo en Xochimilco, México, tendrá las muestras "Robert Motherwell", del 23 de febrero al 25 de mayo del 2008, y "Modernismo Estadounidense", del 5 de julio al 5 de octubre, del Walker y del museo de San Francisco.