Édgar González
Se hace presente Coahuila en muestra forestal
Guadalajara.- Las manos como de piedra de Gregorio Morales entregan a un alumno de primaria uno de los estropajos hechos con fibra de lechuguilla de Coahuila; los demás niños le piden que lo comparta, al menos para tocarlo.

Es la Expo Forestal Siglo XXI en Guadalajara y cada grupo de alumnos de primaria que llega se detiene en el stand del Museo del Desierto, que muestra lo que se puede hacer con la fibra de lechuguilla.

Y es que, cómo no asombrarse, si toda la Expo está basada en productos de madera de las selvas del sur, de los bosques húmedos, o incluso de los manglares, pero sólo Coahuila y Chihuahua muestran que en el desierto también hay una riqueza que le puede arrebatar a la tierra.

Don Gregorio y Tereso Martínez llegaron a tiempo a la Expo, aunque no había necesidad, sólo llevaban un pequeño telar de madera que a simple vista deja ver los muchos años que han pasado.

Mientras don Tomás saca un machete para cortar unos cables de energía eléctrica que intenta conectar a un motor para empezar a hilar la fibra, don Gregorio se pone nervioso por las fotografías, por la presencia de niños que lo rodean y porque don Tomás no puede echar a jalar el motor.

Don Tomás le saca chispas a la energía cuando intenta conectar los cables "pelones", sin ningún tipo de conexión, hasta que consigue que gente de mantenimiento lo ayude.

Los alumnos de primaria están inquietos, quieren ver trabajar el telar, quieren ver cómo se transforma la fibra de una planta en estropajos, brochas, morrales, redes o peines, como les explica personal de la Conafor y la Semarnat.

Todos llegan aquí, al lugar de la fibra de lechuguilla. Los campesinos se asombran, pero susurran que del maguey y del henequén se saca también una fibra similar.

Sin embargo, ésta, dicen, crece en el desierto, donde el agua es una bendición.

Don Gregorio se quita la pena de encima y empieza también a explicar que tiene 52 años tallando lechuguilla. No se puede dudar, porque sus manos lo demuestran.

Nació en Huachichil, en el municipio de Arteaga, y sabe que el proceso para sacarle a la lechuguilla la fibra no es fácil, porque son horas de sol y días de arduo trabajo.

Hoy en día un kilogramo de lechuguilla lo vende un campesino en 12 pesos y si trabaja de sol a sol, incluso con la ayuda de un hijo menor, puede juntar hasta 8 kilos de fibra que se traducirán en menos de 100 pesos, esto si tiene la fortuna de que se la compren.

"Porque habemos buenos y habemos malos. Los buenos pueden hacer hasta 8 kilos en un día", dice orgulloso don Gregorio. Él es de los buenos, asienta con la cabeza.

Don Tomás por fin echa a jalar el telar y la hiladora. Empieza así lo mejor para los inquietos alumnos de primaria. Ellos querían ver cómo esos simples hilos se convierten en mecates, en bolsas, en cepillos.

En la Expo Forestal, también la Universidad Autónoma Agraria Antonio Narro está presente, pero contrario a todo lo que se puede dar a conocer, sólo se llevaron trípticos de sus carreras.

De cualquier manera no necesitan presentación, los casi 15 mil visitantes de la Expo señalan al pasar: "Mira, ahí están los narritos". Son una referencia de Saltillo en todo el centro y sur del país.

Otros stands de Coahuila llevaron carbón de mezquite, la manzana de Arteaga y artesanías de madera que pocos se detenían a ver. La madera y sus diferentes usos fue el común denominador de esta Expo, así que una artesanía más no importaba.