Vanguardia/EFE
Madrid.- Una oreja cada uno cortaron los rejoneadores Alvaro Montes y Leonardo Hernández en la corrida de la especialidad celebrada este sábado en Las Ventas.
FICHA DEL FESTEJO.- Toros Flores Tassara, desiguales de prsencia y de juego también variado. Los buenos, tercero, cuarto y sexto. Los demás, distraídos y "rajados", sosos y sin aportar nada.

Alvaro Montes: rejón sin quebrar y cinco descabellos (ovación tras un aviso); y pinchazo y rejón (una oreja).

Moura Caetano: cinco pinchazos, medio rejón y tres descabellos (silencio); y rejón (silencio).

Joao Moura, hijo: metisaca, pinchazo hondo muy caído, dos pinchazos más y medio rejón caído (ovación); y tres pinchazos, rejón y descabello (silencio).

Leonardo Hernández: pinchazo y rejón (dos vueltas tras insistente y muy ruidosa petición de oreja, con bronca y pañolada al usía por denegarla); y rejón y tres descabellos (una oreja).

En la enfermería fue atendido Alvaro Montes de "herida en el pabellón auricular derecho con arrancamiento parcial, y heridas en región frontal y mano derecha, además de contusiones y erosiones múltiples", de pronóstico leve.

La plaza se llenó "hasta la bandera", en tarde de nubes y claros, y de temperatura fresca.

UN BUEN PRESIDENTE
El presidente del festejo, César Gómez, un buen presidente atendiendo al rigor, conocimientos, sensibilidad, honestidad y brillantez demostrados a lo largo de una ejemplar trayectoria dirigiendo los festejos desde "el Palco" de Las Ventas. Pero hoy le han abroncado.

No está del todo claro si se ha equivocado al no conceder una oreja a Leonardo Hernández en su primer toro, desoyendo una petición con más voces que pañuelos.

Seguramente la intención del presidente era preservar el prestigio de la Puerta Grande. De la plaza en definitiva. Pues no es de recibo lo que les cuesta a los toreros de a pié salir a hombros por ella, en contraste con lo fácil que lo suelen tener los rejoneadores.

Y es que en los festejos de rejones, la presencia de un público ingenuo y festivo, cuyo principal entretenimiento y diversión es pedir orejas sin entrar en equilibradas apreciaciones o justas valoraciones, los trofeos se ponen sistemáticamente de rebajas, tan baratos que lo realmente difícil es no abrir la cotizada Puerta.

Ya es hora de acabar con este desbarajuste, debió pensar César Gómez. Aunque a lo mejor no acertó con la situación. En la tarde de hoy, aburrida en extremo por la desproporcionada ración de ocho toros para cuatro artistas, uno de los cuales -el portugués Moura Caetano- no decía absolutamente nada, y dado también la escasa aportación del ganado, a poco que se encendió la chispa de la diversión, aquello se embaló con tintes triunfalista.

Fue en el cuarto toro del festejo, con el joven Leonardo Hernández, que había cumplido una actuación enfibrada, aunque fue más la vibrante puesta en escena que la realización en si. Piruetas y violines se aplaudieron con frenesí, aunque tampoco faltaron quiebros ajustados y galopes de frente de mucha verdad.

Sólo el pinchazo previo al rejón final justifica el freno al pañuelo del presidente. ¿Pero no se pierde la oreja también cuando un matador de toros falla en el primer viaje con la espada? Pues eso. Pero la bronca que se montó fue de órdago. Las cosas que desconoce el público de rejones.

Hernández se llevó por fin el trofeo del octavo, aunque la faena no había tenido tanta entrega y "transmisión". Pero ya sabía el presidente que este trofeo no propiciaba una devaluada salida a hombros. Ya no había "portazo" y había que curarse en salud.

Esta misma circunstancia seguramente propició que Montes cortara asimismo un trofeo al quinto, por una faena solamente correcta, sin la emoción suficiente, también porque el toro no aportó nada. En el que abrió plaza, Montes estuvo enrabietado después de una espectacular voltereta que fue culpa suya al no medir bien las distancias en una pirueta.

El portugués Joao Moura, hijo, estuvo bien en su primero, galopando con temple y clavando muy ceñido, pero fallando estrepitosamente al matar. En el otro no encontró colaboración por parte del toro, y apenas dijo.

Pariente del anterior, Moura Caetano, fue sencillamente una anécdota. El hombre iba muy bien vestido, naturalmente a la federica. Sólo eso.