Vanguardia/EFE
Madrid.- Dos orejas y la correspondiente puerta grande logró el rejoneador Andy Cartagena, este sábado en Las Ventas, en la primera corrida de la especialidad de la feria de San Isidro de este año.
FICHA DEL FESTEJO.- Toros de San Pelayo, desiguales de presencia, mansos, distraídos y poco colaboradores por su escasa acometividad.

Joao Moura: pinchazo, rejón y descabello (silencio); y pinchazo, rejón y cinco descabellos (silencio).

Pablo Hermoso de Mendoza: pinchazo, rejón trasero y atravesado, y un descabello (silencio); y rejón (una oreja).

Andy Cartagena: rejón bajo con vómito (ovación tras petición insuficiente); y rejón fulminante (dos orejas).
La plaza tuvo lleno de "no hay billetes" en tarde agradable.


La corrida de "San Pelayo", ganadería propiedad del matador de toros Pedro Gutiérrez Moya "Niño de la Capea", del encaste familiar "Murube", que debutaba hoy en Las Ventas, no ha sido fácil de pelar.

Toros que han obligado mucho a los jinetes. Parecía que iba a estar la tarde condenada al aburrimiento a pesar del notable esfuerzo de los tres rejoneadores, que echaron mano de técnica y valor, apoyándose los tres en sus respectivas magníficas cuadras.

Al final quedó patente la maestría y elegancia de Moura en sus dos toros aún a pesar de irse sin trofeos por el fallo al matar. La torería incontenible de Hermoso de Mendoza con idéntico hándicap que el anterior en un toro, aunque por fin arrancó la oreja del otro. Y la raza y la frescura, el dinamismo y la espectacularidad de Cartagena, que, después de ver como le disimulaban la oreja del tercero, ganada en muy buena lid, redobló esfuerzos en la pelea con el sexto para llevarse el doble trofeo que a la postre le puso en la Puerta Grande.

Muy interesante tarde de rejones por lo que a la labor de los artistas se refiere. Más aún con los inconvenientes que plantearon los toros.

Aquerenciado e incierto, el que abrió plaza fue muy difícil de sujetarlo en el tercio, volviéndose a tablas a las primeras de cambio. El más manso de los seis. Moura estuvo medido y acertado al clavar con mucha seguridad, menos en el rejón final. El cuarto "se dejó" más, y la faena del portugués tuvo un planteamiento más sosegado, a base de cites y galopadas en corto, reuniones de frente y al estribo, ejecutadas todas las suertes con suma limpieza. Pero faltó otra vez la contundencia del rejón de muerte.

A Hermoso le hizo sudar también su primero, con tendencia a tablas, un toro "medio rajado" de salida y todavía a menos durante su lidia. El navarro le tapó con habilidad y arrojo todas las huidas que intentó echándole materialmente encima las cabalgaduras, y no sólo marcó todos los encuentros en terrenos inverosímiles sino que clavó las banderillas con increíble exactitud, muy reunidas. Lástima del fallo al matar. En el quinto por fin llegó la recompensa del trofeo, aunque esta vez, y por los inconvenientes del toro -cada vez más parado e incierto- la labor de hermoso tuvo más desigualdades.

Y Cartagena. Todo corazón, sin embargo, tampoco le faltó ciencia y torería a sus dos portentosas faenas. Ya le tenían que haber premiado con una oreja en su primero, toro que no hacía por el caballo, suelto y buscando la salida, y al que cuajó de forma extraordinaria sobre todo montando al caballo "Fandi" -¡qué nombre más apropiado para banderillear!-, aunque la ingenuidad del público, impresionado por la muerte del toro, quitó muchos pañuelos en la petición del trofeo.

Pero se rehizo Cartagena en el último, otro toro que no dio facilidades. Perfecto en el planteamiento, dando al astado sus ventajas para hacer el verdadero toreo a caballo, como a pie, de poder a poder. Atacó de frente, se ajustó una barbaridad y "toreó" tanto en los preparativos de la suertes como en la ejecución de las mismas.

Protagonista excepcional, el caballo "Pericalvo", valiente, flexible y muy torero. Y recurso muy válido, "los violines" finales. El rejón tiró al toro patas arriba, y se abrió por primera vez la Puerta Grande en la Feria. Máximos honores para un rejoneador, Andy Cartagena, con todo merecimiento.