Vanguardia/EFE
Madrid.- Una faena de genialidad y arrebato a cargo de "Morante de la Puebla", premiada sólo con una oreja por el pinchazo previo a la estocada, puso especial énfasis en la corrida de este viernes en Las Ventas, pasada por agua, y en la que también dijeron mucho los otros dos alternantes, "El Juli" y Manzanares.
FICHA DEL FESTEJO.- Toros de Victoriano del Río, muy bien presentados, parejos y astifinos, serios y con cuajo. El mal estado del ruedo condicionó mucho su juego; el mejor fue el cuarto; también aportó mucho el quinto sin ser tan fácil.

José Antonio "Morante de la Puebla": pinchazo, estocada y descabello (silencio tras aviso); y pinchazo y estocada corta (una oreja tras dos avisos).

Julián López "El Juli": estocada (silencio); y cuatro pinchazos y estocada caída (palmas tras aviso).

José María Manzanares: pinchazo y estocada (silencio); y estocada (ovación tras aviso).

Cartel de "no hay billetes", en tarde de lluvia en los seis toros.

LA MAGIA DEL TOREO, PRISMA PARA VER LA VIDA
Hay que tener afición, soportar más de dos horas sentado en la piedra y bajo la lluvia, como los estoicos espectadores de hoy. Ni una protesta al arrancar el paseíllo ya con paraguas. Agua sin interrupción y arreciando.

¿Qué tiene el espectáculo de la corrida para aguantar así, sentado sobre la piedra dura y fría en pleno siglo XXI? Sin duda la ilusión, la esperanza en que sus protagonistas, toros y toreros, sean capaces de ofrecer sensaciones únicas.

Fue con "Morante de la Puebla" en el cuarto. También llegó a darse con "El Juli" en el quinto, aunque sin plenitud al firmar la obra con el borrón de la espada. Incluso Manzanares protagonizó pasajes deliciosos en el último. Como se ve, corrida con una segunda parte de mucha categoría.

No pasó prácticamente nada en los tres primeros. Las condiciones no eran muy propicias. Los toreros, pendientes de afianzarse sobre el resbaladizo e inseguro piso. Los toros no terminaban de desarrollar lo bueno que apuntaban. "Morante", "Juli" y Manzanares no fueron más allá de las probaturas en sus respectivos primeros toros, estos además defendiéndose más de la cuenta, pegando muchos cabezazos.

Pero con el cuarto cambió todo. "Morante" quiso mucho de salida, con tres verónicas de las que el poeta llamó "de alhelí". La plaza boca abajo. Y más: primer quite de dos lances y dos medias, de locura. Y segundo quite con verónicas finales a pies juntos. No se puede torear de capote con más arte.

Se esperaba ya lo mejor con la muleta, según el indicador del silencio absoluto que guardó la plaza en la apertura de faena, que abrió "Morante" por alto con mucha gracia y estilo. Pura filigrana antes de ahondar en lo fundamental, el toreo por la derecha con desmayo y suma despaciosidad. Así tres series que fueron creciendo en ajuste y sentimiento, las tres con perfectos y deliciosos remates, ora con trincheras, ora con los de pecho con previos e interminables cambios de mano.

En el primer ensayo al natural no fue tan buena la respuesta del toro, que hasta ahí se había venido siempre de largo y por abajo, pronto y con "transmisión". De modo que el equilibrio de cabeza y sentimiento que guardaba la faena recomendó volver a derechas.

Y otra vez a soñar, "rompiéndose" el torero de forma increíble, ahora acompañando con la cintura en cada muletazo mientras alargaba la embestida hasta donde el brazo no daba más de si, para cogerlo en el siguiente justo donde lo dejaba, y así hasta cinco y seis veces. Ya las tandas sin solución de continuidad. "Morante" "se vació" por completo.

Todavía insistió por el pitón izquierdo aun a fuerza de sacrificar la ligazón puesto que las embestidas se iban espaciando por la falta de continuidad en el toro. Como recursos "las alegrías" de un molinete invertido y un torerísimo desplante. "Morante" en su salsa, y el toreo en su punto de mayor exaltación. El fallo en el primer viaje con la espada no le privó de cortar una oreja, y todavía hubo pañuelos para la segunda.

Tuvieron mérito tanto "El Juli" como Manzanares de intentar, y de hecho consiguieron, mantener el nivel de la tarde en sus respectivos últimos toros. "El Juli", muy firme y enrazado, con una faena de mucho mando y poderío haciendo doblegar a un astado que se movió mucho pero sin tanta clase ni entrega. Y Manzanares, recital de temple y compás, con un toro que no aguantó tanto.

Al final la gente cayó en la cuenta de que llovía. Pero sólo después del último arrastre. Está claro que la magia del toreo es un prisma especial para ver la vida.