Vanguardia/EFE
Madrid.- Toros y toreros se reparten la responsabilidad de la falta de interés en la corrida de este miércoles en Las Ventas de Madrid, unos por mansos, otros por faltos de ánimo y capacidad, sin embargo, con algunas precisiones a favor de un par de astados.
FICHA DEL FESTEJO.- Toros de "Las Ramblas", grandes y desiguales de presencia, justos de fuerzas y mansos. Corrida a pesar de todo con dos toros, primero y quinto, muy toreables. Más deslucidos tercero y cuarto, y realmente difíciles segundo y sexto. Aplaudido el primero en el arrastre.

El francés Juan Bautista: estocada caída (silencio); y estocada (silencio).
Serafín Marín: media estocada (silencio); y estocada (silencio).
Matías Tejela: pinchazo y estocada (silencio); y estocada y descabello (silencio).
La plaza se llenó "hasta la bandera", en tarde de nubes y claros, y de agradable temperatura a pesar de una ligera brisa que molestó en ocasiones en el ruedo.

TOREROS IRRESOLUTOS
Seis silencios como losas. ¿Realmente hubo tan escasas posibilidades como para no interesar en la tarde? ¿O es que fueron tantas las complicaciones por parte de los toros? Ni lo uno ni lo otro. Sencillamente, toreros abúlicos, o fuera de onda como dicen los modernos. Toreros irresolutos al menor problema. Corrida por tanto, pesadísima.

No quería pelea el que abrió plaza, buscando la salida enseguida que apareció en el ruedo. Justito de fuerzas y manseando en los dos primeros tercios, buscó refugio en lo que se ha dado en llamar "terrenos de nadie", que en la plaza de Madrid son los que están justo debajo de los tendidos "5" y "6". Pero resulta que esos eran precisamente sus terrenos. Y allí sí, embistió con nobleza, por abajo, desplazándose largo y repitiendo. Era otro toro.

El problema fue que Bautista no terminó de cogerle el aire. Quizás se salvan dos tandas estimables por el pitón derecho antes de acelerarse el de Arles. Muchos muletazos y muy seguidos, sin embargo, confusos. Alguno, la figura del torero vertical y relajada, pero la mayoría deslavazados. La ovación al toro en el arrastre y el silencio final a Bautista lo dicen todo.

El cuarto, un armario con cuernos, lo que en el argot llaman "zambombo", se paró pronto. Y aunque esta vez probó Bautista, merodeando por los dos pitones, la respuesta del toro fue siempre negativa.

El primero del español Serafín Marín tuvo lo que se dice "peligro sordo", del que no transciende, tragándose aparentemente el primer muletazo, protestando en el segundo y "orientándose" en el siguiente. Sabía el toro lo que se iba dejando atrás, así que la faena, prácticamente toda por el lado derecho, transcurrió entre series cortas, de dos muletazos y el de remate, a lo sumo de tres. A Marín no le pesó estar "ahí", sin rendirse fácilmente, pero tampoco resolvió nada.

Y esa misma actitud tuvo el torero catalán en el quinto, toro, sin embargo, que dio mucho más de sí, moviéndose aunque algo descompuesto. La faena fue de más a menos. Lo bueno, cuando acertó a engancharlo en dos tandas por la derecha. Pero terminaría poniéndose pesado.

El español Matías Tejela se encontró con un primero realmente difícil, distraído como casi toda la corrida, que buscó pronto la querencia como prueba de su indisimulada mansedumbre, suelto y desentendiéndose de los capotes que le salían al paso.

También acusó el problema de las fuerzas, ya que por abajo se venía al suelo, y a media altura y por arriba se defendía mucho, echando la cara a las nubes. No lució el toro, ni el torero fue capaz de ir más allá de los pases sueltos, sin hilván ni contenido.

El sexto, muy quedado y corto de recorrido, embistiendo igualmente con la cara arriba, obligó al madrileño Tejela a recolocarse mucho. Y para entonces estaba ya la tarde y el personal muy de vuelta. Lo único recomendable era abreviar, como hizo.