Vanguardia/EFE
Madrid.- Una sola vuelta al ruedo, de JavierValverde, en el último toro de este viernes en Las Ventas viene a ser el reconocimiento a su propia actitud heroica en esa faena, incluso alos compañeros que bregaron con tantas dificultades de un ganado imposible.
FICHA DEL FESTEJO.- Cinco toros de "Ganadería Marqués de Domecq",desiguales de presencia, pero parejos en mansedumbre y falta de contenido. En general se movieron, pero ninguno se entregó, sinestilo, sin humillar. Al ser devuelto el segundo y correrse turno,el quinto fue un sobrero del Jaral de la Mira, en la línea de los titulares.

Rafael Rubio "Rafaelillo": estocada y dos descabellos (ovación);y estocada delanterilla (silencio).
Iván Vicente: estocada trasera y cuatro descabellos (silenciotras aviso); y estocada (silencio).
Javier Valverde: cuatro pinchazos y un descabello, echándose demanso (silencio); y pinchazo y estocada (vuelta tras petición).

Tras el paseíllo se guardó un minuto de silencio por José Gómez Ortega, "Joselito El Gallo", muerto en la plaza de Talavera de laReina hace 88 años.

En la enfermería fue atendido "Rafaelillo" de "puntazo con hematoma en tercio inferior de cara interna del muslo derecho, y otro en cara anterior de pierna izquierda, de pronóstico leve".
La plaza se llenó "hasta la bandera", en tarde entoldada.

En "el 7", el tendido más famoso de Las Ventas, se sientan muy buenos aficionados, no cabe duda. Posiblemente son mayoría y saben de toros más que el resto de la plaza. Pero el polémico comportamiento de un grupo -que nada tienen que ver con los anteriores-, vociferantes e inoportunos, de una absoluta falta de educación taurina, es lo que lamentablemente le da carácter a esa zona de la plaza.

Las opiniones, qué duda cabe, siempre son buenas. Pero sólo si son justas y equilibradas. Opinar para hacerse notar con una bordería está fuera de lugar, y más en los toros. Aunque desde hace unos cuantos años es lo que se lleva en "el 7", y es así como ha perdido su personalidad. Un tendido que ha tenido mucha categoría,es una pena que últimamente se hable de él por la minoría de mal educados en materia taurina que ahora lo dominan.

Y hoy, quizás sin pretenderlo, una de esas "sentencias" que lanza"el enterado" de turno -que no entendido- resume el verdadero significado de la tarde. Estaba toreando Iván Vicente al segundo,primero de su lote, cuando le gritaron: "¡no has visto la faena de ayer, ¿verdad?!".

Sin duda se refería a la gran faena que "El Cid" no llegó a coronar con la espada, y de la que todo el mundo habla como algo poco menos que sobrenatural. Faena de antología.

¿Pero qué tendrá que ver el toro del Pilar que tuvo enfrente "ElCid" con el que estaba en el ruedo en ese momento? Ni por asomo había una sola coincidencia. Y como éste, los otros cinco.

Una corrida mentirosa, la del Marqués de Domecq, que se movió,pero sin entregarse, las caras a media altura y "metiéndose", o"rebañando", que cualquiera de estos dos términos es muy elocuente para definir las difíciles situaciones que plantearon. Algunos no habían iniciado las arrancadas cuando ya se estaban volviendo,descompuestos y pegando tarascadas. Otros, tardos y muy cortos de recorrido.

Lo peor es que la sensación de peligro no llega arriba con la intensidad que se vive en el ruedo. Menudo lo que tragaron los tres toreros.

"Rafaelillo" estuvo valiente sin aspavientos, en actitud gallarda toda la tarde, en su áspero y violento primero, y en el cuarto, éste el que aparentemente "se dejó" más pero sólo por el derecho y con la cara natural -a media altura- ya que también por el izquierdo reponía las embestidas.

Quizás Vicente pecó de ingenuo en su primero, tratando de acompasar las embestidas de un toro al que había que llevar muy tapado y sometido para evitar que "se orientara" más, poniéndoselo cada vez más difícil. El sobrero del Jaral, sencillamente fue un toro a contra estilo, con la misma falta de clase que el resto de la corrida.

Y Valverde, en su enésimo papel de gladiador, pasó más desapercibido en el tercero, pero se la jugó sin trampa ni cartón con el peligrosísimo sexto, llegando a ser derribado en una dramática voltereta, y librándose en el suelo de tres derrotes asesinos. Un milagro que lo cuente.