LA JORNADA
Guadalajara, Jalisco.- ¡Fernando del Paso, premio Juan Rulfo!", tronó la voz de Elena Poniatowska como la última, que siempre será la primera, de los amigos de escritor laureado que hizo el uso de la palabra en el homenaje que la noche de este domingo le rindieron en ausencia.
Seguro que la voz de la escritora se escuchó hasta el sanatorio donde Del Paso permanece internado. Fue un trueno literal que dio paso al aguacero de palabras que inundaron el salón Juan Rulfo, donde Poniatowska habló del "artesano" que "engarza las palabras como diamantes".

Además de Elena, Gonzalo Celorio y José de la Colina participaron en la remembranza del galardonado ausente y presente. Una reunión en la que el novelista, poeta, dibujante, pintor y gourmet fue exhibido como gran mentiroso, condición necesaria para ser escritor de primer nivel, pero también como el hombre sencillo y sonrosado que se obsesionó por lograr historias que, de tan completas, se convirtieron en referentes obligados de la literatura en idioma español.

"Mil veces mejor que ser médico es volverse escritor", dijo Poniatowska en su relato-entrevista sobre el esposo de Socorro, el padre de cuatro hijos, el apasionado de la cocina, un hombre que "desparrama palabras", pero también a quien "las palabras lo tejen, lo amasan, lo guisan, lo hacen vivir, le dan razón de ser y logra que su corazón de manzana enrojezca, madure y tome la pluma (...) un hombre que es su súbdito y amo, verdugo y víctima, patria grande y patria chica, vertedero y presa".

La escritora recordó que la primera novela de Del Paso, José Trigo, comenzó a imprimirse antes de que se terminara de escribir, pues aún le faltaba el capítulo "Nonoalco Tlatelolco", algo que el propio escritor agradecería a su editor. Una novela que "asombró e irritó", que logró elogios de Edmundo Valades y Juan Rulfo, lo que posicionó de inmediato a Fernando del Paso, quien ha sabido mantenerse "ajeno a mafias y capillas", aunque jamás pretendió hacerse enemigo de críticos literarios ni escritores famosos.

"Noticias del Imperio fue una fiesta, no sólo para Fernando, sino para nosotros", prosiguió Poniatowska, y señaló que uno de los méritos de esa magna obra equivale a que los usuarios del Metro lean a James Joyce y José Lezama Lima sin levantar la vista pese a los apretones. De Palinuro de México, novela "que no buscó la complejidad lingüística", dijo que no es sólo un estudiante de medicina quien muere en 1968, sino la historia de un hombre fascinante que abarca todos los temas: ciencia, amor y cultura.

Gonzalo Celorio, quien abrió la charla ante un auditorio lleno, dio lectura al texto "Contra el silencio", en el cual hizo referencia a José Trigo y su importancia en la literatura hispanoamericana. Dijo que se trata de una de las novelas más deslumbrantes de la literatura mexicana de la segunda mitad del siglo pasado, inscrita en los albores del llamado boom latinoamericano, que incorpora una "enorme variedad de discursos", en el que se recrean, entre otras muchas cosas, los mitos prehispánicos fundamentales y el diálogo con sus acotaciones teatrales: una obra en que el lenguaje desempeña el papel protagónico.

Por su parte, José de la Colina dijo que Fernando del Paso "es un gran mentiroso", porque cuando recibió el premio FIL 2007 se refirió a él y a Antonio Montaña como sus maestros. "Dijo, casi textualmente, que nosotros lo habíamos introducido en la literatura y le habíamos hecho conocer una serie de autores. Fernando del Paso es un gran mentiroso, nosotros no hemos sido sus maestros, quizá sí, porque él estaba verde en lo que era la vida literaria, pero no en la pasión por la literatura. Está bien que sea un gran mentiroso porque es la única manera de ser un gran escritor".

En una intervención, a manera de carta, De la Colina celebró que "el espíritu de Rulfo -quieran o no sus respetables herederos, que al parecer quieren registrarlo como propiedad privada cuando ya es propiedad universal- haya soplado y te haya otorgado el galardón estelar, el más importante, creo, instituido en la América de habla española".

Recordó que su amistad con Del Paso inició en 1956 o 1957, cuando junto con Montaña ("quien, como tu sabes no es un seudónimo o heterónimo mío, sino un aumentativo"), escuchó uno de los sonetos que el galardonado les fue a leer con su buena voz de futuro locutor de la BBC, en la casa de Sonora, en la capital.

Los dos escuchas estaban convencidos que Del Paso iba para poeta y, después, dijo, se extrañaron de que optara por las "grandes novelas de chorrocientas páginas". En realidad, concluyó, "has violado el género novela", porque los monólogos de Carlota, por ejemplo, son poemas maravillosos en prosa.