Aracely Chantaka
Monterrey, NL.- La compañía japonesa Batik Dance se presentó en el Teatro de la Ciudad de Monterrey como parte del Fórum de las Culturas ...
Los atuendos rojos que envuelven sus cuerpos son tan ardientes y frenéticos como sus movimientos en el escenario.

La compañía japonesa Batik Dance se presentó la noche del martes en el Teatro de la Ciudad de Monterrey como parte del X Festival Internacional de Danza Extremadura-Lenguaje Contemporáneo, que se celebra en el marco del Fórum Universal de las Culturas Monterrey 2007.

Siete mujeres de menudos cuerpos, ojos rasgados, cabello negro que cae como en cascada, integran la compañía que sorprendió a la audiencia porque es como un gran arrebato, un volcán en erupción con sus momentos de densa calma.

La oscuridad del inmueble y de pronto una música fuerte, como golpe estremecedor que sobresalta, fue el inicio del espectáculo que es un extraño y original montaje.

La compañía nipona de danza contemporánea cuenta con la dirección coreográfica de Ikuyo Kuroda.

A pesar de la fragilidad de los cuerpos de sus protagonistas el mensaje que trasmite es de un acto subversivo, de protesta, de descarada ironía.

"Shoku" (tocar) es como se denomina al espectáculo, que de acuerdo con el programa de mano es como un ir y venir de emociones, una explosión de furia relacionada con la frustración de la mujer japonesa y de la tensión entre lo interno (yo) y lo extreno (no yo).

Lo cierto es que las siete bailarinas en el escenario con sus caídas, gritos, giros son como una explosión de energía. Por momentos el espectáculo parece más bien un acto de catarsis para sacar todos los demonios internos.

La música que oscila entre lo clásico y el pop es fundamental porque enmarca esas emociones que se desatan en escena. Las faldas amplias sirven a las mujeres para cubrir sus rostros y también dejar al descubierto sus cuerpos.

Como objetos de fetiche lámparas de mano y sus zapatos viajan por el interior de sus pantaletas en color blanco y adornadas con holanes.

Minako Ueki, Yayoi Nishida, Kumiko Yajima, Misako Tanaka, Mamiko Oe, Mika Matsmuro y Haruka Kajimoto sorprenden a la audiencia al llegar hasta el límite del frenesí en una danza que parece más un grito desesperado.

La mayor parte del espectáculo transcurre en penumbras y los chispazos de luz más encendida sirven para resaltar el dramatismo de lo que ocurre sobre escena.

Los cuerpos siempre en movimientos bruscos o tirados en reposo con una respiración agitada, son la constante del montaje que se estrenó el 3 de diciembre del 2002 en el Yokohama Land Mark Hall en Japón.