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México.- El aumento en el consumo de comida "chatarra" es parte sustancial del fenómeno de obesidad en México que afecta severamente a los niños, quienes gastan más de 20 mil millones de pesos en productos de ese tipo durante el ciclo escolar.
De acuerdo con investigadores, los niños en edad escolar reciben de sus padres de cinco a 10 pesos diarios para que los gasten en la escuela, donde adquieren principalmente frituras, dulces y refrescos, aunque no sólo compran a la hora del recreo sino también a la entrada y salida del plantel y en el trayecto a sus hogares.

El consumo de esos alimentos no es privativo de los menores de edad, pues según el investigador Arturo Lomelí los mexicanos gastan 240 mil millones de pesos al año en comida chatarra y sólo 10 mil millones en el consumo de 10 alimentos básicos como carne, frutas y verduras.

Expuso que desde hace tres décadas los mexicanos comenzaron a modificar drásticamente su alimentación, al sustituir verduras por frituras y azúcares.

Esa situación contribuyó a que 70 por ciento de los mexicanos tenga problemas con su peso, coincidió a su vez Abelardo Avila, investigador de la Dirección de Nutrición del Instituto Nacional de Ciencias Médicas y Nutrición "Salvador Zubirán" de la Secretaría de Salud.

La falta de consciencia ha provocado en los mexicanos el aumento desmedido en el consumo de comida de ese tipo con sus consecuencias, como obesidad desde temprana edad, diabetes e hipetensión, entre otros padecimientos.

De ahí la urgencia de una regulación en la publicidad y venta de dichos alimentos, para prevenir que su consumo excesivo produzca daños diversos.

Se debe regular la publicidad infantil como lo hacen países más desarrollados, lo cual se tradujo en menores niveles de obesidad, además de que está determinado por la Organización Mundial de Salud (OMS), explicó.

El objetivo es evitar que se dirija publicidad engañosa a los niños, que al año reciben frente al televisor 12 mil impactos publicitarios con mensajes que logran su objetivo, prueba de ello es que la obesidad afecta a 1.4 millones de infantes en edad escolar, precisó.

Los mercadólogos, detalló, han hecho muy bien su trabajo con el objetivo de vender, y desde hace tres generaciones envolvieron a la población que no percibe lo que ocurre, al grado de que los abuelos y padres inducen a los menores al consumo de esos productos.

Así se ha llegado al grado de que actualmente "un niño de ocho meses, tercera generación educada por los medios de comunicación, ya exige que le pongan refresco en su biberón, claro, con la complacencia de su madre, lo cual es criminal", advirtió.

El especialista indicó que la Secretaría de Salud apelará a la responsabilidad social de los empresarios de esos productos para que su publicidad no se transmita en horarios infantiles, y participen en el combate a la obesidad infantil.

En tanto, en la Cámara de Diputados los legisladores se alistan con proyectos para reformar la Ley General de Salud que incluyen la obligatoriedad de establecer en los productos "chatarra" la leyenda de que su abuso en el consumo puede provocar daños.

Además la prohibición a la venta deesos alimentos dentro de las escuelas, a su publicidad televisiva en horarios infantiles y a la promoción de su consumo mediante premios, "ganchos" o la inclusión de personajes que tengan influencia en los niños.

El coordinador del Partido del Trabajo (PT) en San Lázaro, Ricardo Cantú, quien presentó la iniciativa, reconoció que esas acciones no resuelven el problema pero son una contribución importante para empezar a atacarlo.

Aunado a ello, señaló que la Comisión de Salud de la Cámara baja prepara una iniciativa complementaria, que obligaría a la Secretaría de Educación Pública (SEP) a incluir en los planes de estudio la información sobre la nutrición que debe tener el ser humano.

Aseguró que cada vez hay más consciencia sobre el problema que representan los alimentos chatarra, sobre todo los refrescos, prueba de ello es la gran demanda social para que se tomen acciones concretas.

Según un sondeo con niños de primaria, aunque los padres de familia les incluyan en su "lunch" comida sana les dan dinero con el que adquieren, principalmente, charritos, palomitas, papitas, frituras en general, así como refrescos y aguas de sabores.

Por ejemplo, la señora Rosa señaló que trata de que sus hijos lleven a la escuela fruta, una torta y agua, pero da 10 pesos a cada uno para que compren alguna golosina que regularmente adquieren al salir de clases.

En contraste, la señora Elvira prefiere sólo darles dinero porque no se comen lo que les prepara, consciente de que lo que compren no será lo más sano.

A Alfonsina, Nuria, Edith, Nacho y Pablo lo que más les gusta comprar son frituras, pero también pambazos y pizzas que venden a la hora del recreo, lo que hace que muchas veces no coman el lunch que les preparan en su casa que incluye agua, que muchas veces sustituyen por refresco.

Pablo y Edith son "gorditos" y gastan en el recreo todo el dinero que les dan, porque a la hora de la salida sus papás pagarán sus nuevos antojos que no incluirán frutas ni verduras que casi no les gustan.

El especialista y director del hospital Star Medica Santa Fe, Jorge Pérez Castro, comentó que a pesar de que 60 por ciento de los niños en edad escolar tiene sobrepeso no hay una consciencia clara del problema en las familias.

Por ello México es el segundo país que más refresco consume en el mundo, además de estar entre los que comen más frituras o alimentos no nutritivos y con un alto índice de calorías.

A su parecer la gente está preparada para hacer un cambio de hábitos, sobre todo porque se está dando cuenta que esa situación va de la mano con otras enfermedades como la hipertensión y la diabetes.

Pérez Castro consideró que el aspecto psicológico también juega un factor importante, porque "los problemas pueden empezar en la mente y terminar en el estómago, si no tenemos un modo de quitar el estrés o quitar emociones una forma de escaparnos será tomar más azúcar, refrescos o dulces".