Radacción
Probablemente el nombre de Eusebio Cortés Ramírez no le diga nada, pero su historia puede ser la de cualquier mexicano. Hace tres años tenía un trabajo formal en la empresa El Volcán, una textilera del estado de Puebla, que después de seis décadas de emplear a cientos de personas, en 2004 entró en proceso de liquidación, lo que obligó a Eusebio a buscar otra fuente laboral.
Ante la falta de opciones en su estado natal, decidió emigrar a la capital del país donde desde hace dos años, todos los días acude a lo que llama "su oficina", que no es más que un rincón en la acera de carretera Picacho-Ajusco en el cruce con Periférico, donde, al igual que él, todos los días acuden decenas de personas con la esperanza de que llegue un contratista y lo0s reclute.

El contratista llega, les dice qué necesita y en dónde es el trabajo, de cuánto es la paga. Quienes cubren los requisitos, generalmente se montan en una camioneta y regresan al día siguiente al mismo lugar.

"Yo sé que no es un trabajo como el que tenía antes, tenía mi seguro, ganaba poquito pero siempre recibía mi pago puntual, pero pues llegaron los chinos, el patrón nos liquidó y como ya soy grande pues no me quedó de otra, ya en ningún lado me quisieron dar trabajo y `pos' aquí me vengo", cuenta Eusebio, quien es uno de los 7 millones de mexicanos que del año 2000 a la fecha se han quedado sin empleo.

La historia se repite, sin importar la ciudad o el estrato social. Y es que la pérdida de competitividad y la falta de apoyos para la creación de empleos ha impedido que se recuperen estos millones de plazas; de seguir la economía con crecimientos menores al cinco por ciento anual, el país podría tardar hasta dos décadas en recuperarlos.

"No hay un dato formal, pero podemos decir que son 7 millones de plazas formales perdidas que no se han recuperado, nos changarrizamos y no hay una política industrial formal que permita recuperar esas plazas", dice Mario Cortés, catedrático de la Universidad Panamericana.

Especifica que anualmente el país pierde entre 600 y 700 mil plazas formales de empleo y sólo se crean un promedio de 400 mil, por lo que el déficit se viene acumulando y ha derivado en que no logre crearse ni la mitad de los 1.2 millones de nuevos empleos que requiere el país cada año.

Cada quien su cifra

Cuando se habla de datos de desempleo pueden existir una, dos y hasta tres cifras, derivado de los criterios que distintas instancias utilizan para medir la desocupación laboral.

El INEGI anunció que 96.13 por ciento de la Población Económicamente Activa (PEA) en México -alrededor de 44 millones de personas- estuvieron ocupadas en septiembre.

Es decir, la tasa de desempleo se ubicó en 3.87 por ciento, una mejora leve frente a 3.92 por ciento del mes previo, pero es su mejor nivel de los útlimos tres meses.

El análisis hecho por Laura Juárez, de la Universidad Obrera, detalla que para el primer trimestre de 2007, la Población No Económicamente Activa disponible ascendió a 5 millones 144 mil 706 personas, que si se suma a reportados al primer trimestre, deriva un total de 6 millones 844 mil 706 personas sin trabajo y que tomando en cuenta a personas que no participan en la encuesta se eleva hasta los 7 millones.

En un análisis hecho sobre las cifras del INE GI, Juárez apunta que si sumamos los 1.7 millones de desempleados abiertos, los 5.1 millones de la Población No Económicamente Activa (PNE A) disponible, los 11.4 millones de ocupados informales, los 3.3 millones de subocupados y los 2 millones de migrantes que se fueron a Estados Unidos a trabajar en los últimos cinco años, estaríamos hablando de 23.5 millones de desempleados que no pueden encontrar una vida digna en el país, es decir, 55.4 por ciento de la población.

De acuerdo con Laura Juárez y Mario Cortés, la tasa de desempleo en México que sólo mide a quienes buscan trabajo en el mes previo a las encuestas por lo que no contempla los desempleados previamente acumulados.

Por otro lado, el Instituto Mexicano del Seguro Social, cuando contabiliza la supresión de plazas lo hace sólo con las de trabajadores afiliados a este sistema y así con el ISSTE. A la hora de contabilizar a los asegurados, también se toman en cuenta los empleos temporales, lo cual dificulta tener cálculos reales.

Por qué se va el trabajo

Cuando se preguntan los motivos sobre esta pérdida de empleos, las hipótesis son muchas y van desde la crisis económica de finales de 1994, las fusiones y adquisiciones bancarias, la globalización, la apertura comercial, la entrada ilegal de mercancías y la piratería, hasta la pérdida de competitividad.

"Después de casi dos décadas y media de neoliberalismo económico, el PIB no crece o lo hace de manera insuficiente y errática. No sólo no se logran generar los empleos que la población en edad de trabajar demanda, sino que además los ya existentes se pierden irreversiblemente, y los pocos que se logran crear son en su gran mayoría precarios", señala Laura Juárez Sánchez.

Reconoce, al igual que Cortés, que no se han dejado de crear empleos pero la gran mayoría con salarios deteriorados, sin las prestaciones de ley -seguridad social, prima vacacional, aguinaldo y prestaciones- con largas jornadas, a destajo, por tiempo, y mediante contratos verbales o de protección, lo cual no ayuda al país a ser más competitivo ni a la población a solucionar su problema de ingresos.

Plaza por plaza

El porcentaje de empleos permanentes afiliados al Instituto Mexicano del Seguro Social se redujo de 1994 a 2006 de 86 por ciento a 64 por ciento.

Juárez asegura que durante el foxismo, la economía del país registró el mayor estancamiento de los últimos 30 años, lo que llevó el déficit de plazas de trabajo a un nivel "alarmante".

Durante la anterior administración, el crecimiento del Producto Interno Bruto alcanzó un promedio de 1.3 por ciento anual; nunca se cumplió la promesa de llegar al siete por ciento anual, ni la creación de un millón 300 mil empleos. Para haber cumplido con esta promesa, el país habría necesitado un crecimiento de 13 por ciento al año.

Entre 2001 y 2005, según un estudio hecho por Juárez, se sumaron a la vida laboral 6 millones de personas, pero sólo se pudieron crear 941 mil 487 plazas y se perdieron 417 mil 500, por lo que el saldo neto es de 523 mil 989 y el déficit llegó a 5 millones 476 mil 13 puestos.

Adiós mano

de obra intensiva

Entre los sectores que se han visto más afectados por la pérdida de empleos y la falta de condiciones para recuperar esas plazas están el maquilador, el de servicios, el gubernamental y el agropecuario.

Hace siete años, el sector maquilador absorbía 35 por ciento de la población económicamente activa, ahora sólo da empleo a 25 por ciento, de acuerdo con datos del INEGI.

"Antes había fábricas de origen extranjero que tenían que montar plantas de producción, lo que forzaba a crear líneas de producción o de ensamble lo que daba contratos a 2 mil ó 2 mil 500 trabajadores, ahora son áreas más pequeñas que a raíz de la automatización de los procesos industriales crean un máximo de 500 plazas", explica el catedrático de la UP.

"Se ha visto golpeada por problemas de competitividad para competir con productos de otros países, economía informal se ha convertido en ilegal y hemos estados peleando y que llegue a su fin, no se vale que no sólo se tenga que competir en Estados Unidos sino con otros productos de otros países", apunta Miguel Marón Manzur, presidente de la Cámara Nacional de la Industria de la Transformación (Canacintra).

De acuerdo con un diagnóstico elaborado por la investigadora de la Universidad Obrera, la crisis de la industria maquiladora de exportación pone en evidencia el agotamiento del modelo de exportación: la salida de cientos de maquilas de México por los salarios más bajos registrados en el sudeste asiático y Centroamérica, ocasionaron que entre octubre de 2000 y mayo de 2006 se perdieran 129 mil 756 trabajos.

En la industria de la construcción ocurrió algo similar: entre 2000 y 2006 se cancelaron 17 mil 800 puestos, ya que en el año 2000 el empleo pasó de 436 mil 471 a 418 mil 671 plazas en 2006.

Ante este balance, el presidente de Canacintra asegura que al afiliar a 42 mil empresas su cámara es la más grande a nivel nacional; sin embargo, muchas han cerrado y hasta ahora es imposible hacer un diagnóstico real.

No obstante considera que además de la maquila, otros sectores golpeados son el de alimentos, el mueblero y el más sonado, el del vestido y textil, este último, se estima que de 2002 a la fecha redujo hasta en 35 por ciento su plantilla de trabajadores.

Hasta en el carrito del súper

Durante el sexenio pasado, como parte de las estrategia de apoyo al empleo se crearon programas como el Nacional de Financiamiento al Microempresario, a mujeres rurales, de apoyo para las empresas de solidaridad y el de empleo temporal, sin embargo en poco ayudaron para abatir el déficit de plazas laborales.

Aunque ahora concentra 65 por ciento de la planta productiva del país, el sector servicios y comercial también ha pasado por un severo recorte de plazas laborales.

La explicación es un poco parecida al delsector maquilador: la automatización de procesos y la relación entre cadenas comerciales y proveedores han obligado al recorte en aras de reducir costos operativos.

Anteriormente, las tiendas de autoservicio como los desaparecidos Aurrerá trabajaban con un promedio de 300 personas, ahora lo hacen con un máximo de 120.

La llegada de lectores electrónicos, promotores externos que a la vez hacen las funciones de acomodar los productos en el anaquel y resurtirlos ha generado una considerable supresión de plazas.

El Gobierno también desemplea en la medida en que se achica por la reducción del presupuesto: según un informe de Hacienda, analizado por Juárez, durante la gestión de Vicente Fox se quedaron sin trabajo más de 95 mil burócratas, la mayoría liquidados bajo programas de renuncias voluntarias.

"Éste ha sido un verdadero cáncer en nuestro sector, ya hay sistemas de informática que han obligado a importaciones reducciones de personal desde los 80, han desaparecido departamentos completos o se han reducido a un mínimo de tres o cuatro personas. no se han dado nuevas contrataciones y se cancelan plazas, de tener mil 600 empleados en México y las consejerías en el extranjero ahora quedan menos de mil", dice Alfredo Castro Escudero, secretario general del Sindicato Bancario.

El campo, otro de los sectores afectados por el recorte de plazas, tuvo su año más crítico en 2004 cuando perdió el 36 por ciento de los empleos, lo que significó más de 30 mil plazas menos de los que había en 2000.

"Debemos ser claros en cuanto hacia dónde vamos y cómo vamos a hacerlo, si el país no eleva la competitividad no se van a generar los empleos necesarios. Se ha pedido que bajen los precios de los insumos que se reciben del Gobierno como el gas y los hidrocarburos, aduanas, que todos estos productos se tengan en tiempo calidad y precios, similares a los de los competidores y con esto poder generando nuevos empleos, si las empresas bajan ventas", insiste Marón.

Por su parte, Mario Cortés advierte que desde ahora deben iniciar las acciones para que en dos décadas de puedan recuperar los 7 millones de empleos perdidos porque estamos en una situación en la que se aumentaron los años de escuela, pero disminuyó el salario y la oportunidad de empleos calificados.

En contraparte, creció la informalidad: de 2000 a 2006 el índice de la población ocupada sin prestaciones ha crecido de 61 por ciento a 64 por ciento. De todos los empleos creados en ese periodo, 2 millones fueron sin prestaciones, lo que significa que carecen de seguridad social y fondo de retiro, entre otros.

Actualmente, 27 millones de personas ocupadas carecen de prestaciones; esta cifra representa 64 por ciento de la población ocupada, según encuestas.


Las 5 estrategias del `Presidente del Empleo'

De acuerdo con el Plan Nacional de Desarrollo, el Estado debe promover las condiciones necesarias para la inclusión de un México competitivo en el nuevo orden económico mundial, generando una economía cada vez más competitiva para atraer las inversiones lo que se traducirá en empleos formales y dignos.


De acuerdo con los datos gubernamentales, en 2006, 19.2 millones de personas laboraban en condiciones de informalidad. Durante este sexenio se buscará promover condiciones para la creación de empleos formales con el objetivo de llegar en 2012, al menos 800 mil empleos formales al año.



Para lograr este objetivo es necesario implementar las siguientes estrategias:

n La primera es promover las políticas de Estado que fomenten la productividad en las relaciones laborales y la competitividad de la economía nacional, a fin de atraer inversiones y generar empleos formales y de calidad, lo cual se piensa lograr mejorando los programas gubernamentales de promoción al empleo. Uno de los puntos estratégicos en este sentido es abrir un portal del empleo en el que, a través de Internet, se reúna toda la información en el tema laboral para el uso de buscadores de trabajo, empresas, gobiernos e investigadores. Será este un instrumento pernmanente, único y virtual que facilitará el encuentro entre la oferta y la demanda de trabajo a escala nacional para los sectores público y privado.

n La segunda estrategia es fomentar la equidad e inclusión laboral y consolidar la previsión social, a través de la creación de condiciones para el trabajo digno, bien remunerado, con capacitación, seguridad y salud, lo cual se sustentará en el desarrollo de políticas para evitar la discriminación y la atención prioritaria a grupos en situación de vulnerabilidad.

n Su tercera estrategia consiste en promover la entrada de jóvenes al mercado laboral formal, teniendo como herramienta el programa de primer empleo que contemplaba exenciones fiscales a empresas que contrataran a recién egresados ya tuvo su primer tropiezo pues actualmente está en rediseño ante el poco impacto que generó.

n La cuarta estrategia calderonista es conservar la paz laboral y promover el equilibrio entre los sectores laboral y empresarial a través de la legalidad, la conciliación y el diálogo en las revisiones contractuales, salariales y conflictos laborales.

n Y en quinto lugar, se busca modernizar el marco normativo laboral para promover la productividad y competitividad laboral, garantizando los derechos de los trabajadores a fin de promover la productividad en las relaciones laborales, la competitividad de la economía en su conjunto, la oferta de empleo formal y con dignidad, y la salvaguarda de los derechos fundamentales de los trabajadores, señaladamente el de la contratación colectiva del trabajo, la autonomía y libertad sindical y el derecho de huelga.