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En la cancha del Nemesio Díez, Diablos y Chivas se dedicaron a tirar patadas y se olvidaron del buen futbol que ambos conjuntos suelen practicar; el saldo: tres jugadores expulsados, dos fueron del Rebaño
TOLUCA.- La jornada internacional del Fair Play se deformó en una inútil anécdota cuando en la cancha del Nemesio Díez se presentaron más golpes que goles, dentro y fuera de la grama.

No habían pasado 20 segundos del inicio del juego cuando Ariel Rosada cometió la primera falta sobre Jonny Magallón. El árbitro, Paul Delgadillo, se apresuró a amonestar al argentino y poco a poco perdió el rumbo del juego.

La determinación con la que se disputaba el balón provocó roces en todos los sectores de la cancha, también cerró los espacios para las ofensivas hasta que Amaury Ponce (74') apareció desde su parcela derecha para conectar lo que fue el 1-0 final.

Los Diablos Rojos dominaban el juego gracias a la capacidad del dúo Vicente Sánchez-Sinha, algo de lo que carecen las Chivas.

El Guadalajara se enfrenta a una realidad cruel. Las Chivas tienen al mejor goleador del torneo pasado y apenas suman siete dianas en el Apertura. Omar Bravo solamente ha marcado uno.

Pero los dirigidos por José Pekerman no supieron aprovechar un par de oportunidades que se les presentaron de manera casi inmediata, ambas de Sinha.

Los rojiblancos se encontraron con una inmerecida oportunidad de abrir el marcador. El cobrador oficial de los penales en el Guadalajara es Ramón Morales, quien cedió la oportunidad a Bravo, que erró al embarrar el balón en el poste izquierdo de Hernán Cristante (39'). La jugada murió en un tiro de esquina.

Durante unos minutos, lo que sucedía en la cancha pasó a segundo término. La lucha en la grada, donde reposa la Perra Brava se convirtió en el centro de atención. Mientras Diablos y Chivas buscaban un poco de futbol, policías locales intentaban calmar una gresca.

Las faltas continuas no pararon, las tarjetas tampoco. Al minuto 39, Francisco Rodríguez fue expulsado por reclamar la tarjeta amarilla que se ganó en una entrada sobre Ponce. Las Chivas jugarían con 10 hombres los siguientes 46 minutos.

La desesperación de Bravo lo llevó a enfrentarse a Édgar Dueñas, quien le había cometido el penal que falló durante la primera parte.

Con cinco minutos para que finalizara el encuentro, Bravo intentó enganchar una vez más a Dueñas, quien al estilo de la lucha libre llevó al delantero hasta el suelo. Frustrado por no conseguir un nuevo penal, el atacante rojiblanco lanzó unos golpes al rostro del zaguero, quien se levantó listo para seguir con la pelea.

Separados por sus compañeros, ambos jugadores fueron expulsados por Delgadillo, quien así cerró una tarde de golpes y poco futbol en el Nemesio Díez.