Batna, la ciudad del este de Argelia escenario de un atentado suicida contra el presidente Abdelaziz Buteflika, enterraba enlutada el viernes a sus muertos, que ascienden a 22, mientras la clase política expresó su condena.
Argelia.- El ministerio del Interior elevó el balance del atentado ocurrido el jueves por la tarde a 22 fallecidos y 107 heridos. Treinte y seis de ellos ya salieron del hospital, pero muchos otros se encuentran en estado crítico, según fuentes médicas.

La explosión tuvo lugar entre una muchedumbre que esperaba el paso del presidente Buteflika, en visita a la capital de la montañosa región de Aures, bastión de la guerra de independencia (1954-62).

Buteflika no se encontraba en el lugar en el momento en que el kamikaze hizo estallar la bomba que llevaba con él en una bolsa de plástico.

Detectado por la gente por su gran excitación, el suicida accionó precipitadamente el artefacto artesanal, según los primeros elementos de la investigación.

El hombre, de 28 años y conocido bajo el alias de Abu Mokdad, era un islamista del oeste del país que murió descuartizado por la explosión, según el ministro argelino de Interior, Yazid Zerhuni. Su identidad será conocida con precisión gracias a los análisis de ADN en curso, precisó.

El jefe del Estado, que tenía previsto volver a Argel, prolongó su estadía en Batna para asistir a la oración por las víctimas.

Buteflika había visitado el jueves a los heridos en el hospital y condenó a "los criminales que intentan sabotear el proceso de paz y de reconciliación nacional".

También reafirmó que seguirá con esa política que amnistía a los islamistas arrepentidos que deponen las armas.

"Elegimos la reconciliación y la concordia como vía estratégica y no nos desviaremos jamás", dijo a las televisiones horas después del atentado.

La población de Batna, conmocionada, expresó este viernes su "gran indignación" y "profunda tristeza" por el atentado, con una marcha en la que gritaron "no al terrorismo" y "el ejército y el pueblo están con Buteflika".

Al término de la manifestación, Zerhuni afirmó ante los presentes que los islamistas armados sólo tienen una alternativa: "entregarse o morir".

La consternación se dejaba traslucir en las caras de los habitantes de Batna, que enterraron a sus muertos poco después de la oración semanal del viernes.

La clase política en su conjunto condenó el ataque, que calificó de "odioso" y "contrario a los valores del islam". También fue respaldada la política de reconciliación nacional y la lucha antiterrorista.

Hace cinco meses, dos atentados suicidas con coche bomba contra el palacio de Gobierno en Argel y una comisaría de las afueras de la capital causaron 30 muertos y más de 200 heridos.

Fueron reivindicados por Al Qaida en el Magreb, el antiguo Grupo Salafista para la Predicación y el Combate, que entró hace un año en la red de Osama bin Laden.

Desde hace unas semanas, las autoridades endurecieron el tono contra los islamistas armados que niegan entregarse. Varios de sus jefes, entre ellos Abdelmalek Drukdel, alias Abu Mosab Abdeluadud, jefe de Al Qaida en el Magreb, fueron condenados a muerte tras un juicio en rebeldía.