Mayté Parro
Monclova.- Aunque la empresa Explosivos Mexicanos (Orica) trata de demostrar que actúa de buena fe para pagar a todas las víctimas de la explosión en Nadadores una indemnización justa, para Olivia no es suficiente.
Ella perdió a su única hija y hay grandes posibilidades de que no pueda engendrar más hijos como parte de las lesiones irreversibles sufridas. Con un andar lento, ya que su órgano sexual está quemado al 100 por ciento y reconstruido como consecuencia de las serias quemaduras sufridas durante la explosión, Olivia manifiesta que el diagnóstico del médico es que existe gran posibilidad de no poder tener más familia.

En la explosión murió su bebita de un año 3 meses, quien en vida llevaba por nombre Esmeralda Noemí, mientras que su esposo José Abel Salas Alonso sufrió también graves lesiones, estallamiento de vísceras y fractura de la pierna izquierda, lo que obligó a los médicos el IMSS a insertar una placa de acero y tornillos.

El hombre también perdió el sentido del oído y la vista del ojo izquierdo. Hasta el momento Orica no les ha dado ningún ofrecimiento de pago, ya que desean que la cotización de reparación de daños se cotice en forma global, es decir por la muerte de la niña y las graves lesiones de ambos, así como del daño que sufrió su vehículo en el que ese día se trasladaban a su casa en Saltillo, sobreviniendo la explosión a 200 metros de haber parado su marcha por el accidente.

Acompañados de su abogado Manuel Hernández Puente y de su hermana, Hilda Salas Alonso, José Abel, postrado en una silla de ruedas, espera justicia, ya que estará 60 días sin trabajar y, lo peor, perdió a su primogénita y la esperanza de tener más hijos se esfuma.