Nueva Delhi.- El hombre grita de dolor. Su pie derecho entumecido sólo puede adivinarse. Se apoya en una monja en un sari blanco y azul y dos asistentes. Cada movimiento es un suplicio. "Lo hemos recogido hace una semana de la estación de tren", cuenta la hermana Jino, de la orden de la Madre Teresa, las Misioneras de la Caridad, en su hogar en la capital de la India, Nueva Delhi.
"Todavía no pasó lo peor, pero esperamos que en un par de semanas lo podamos dejar ir", agrega. Porque incluso diez años después de la muerte de la Madre Teresa, fundadora de la orden católica y Premio Nobel de la Paz, su trabajo continúa. "No la extrañamos, porque ella está siempre con nosotros", agrega la hermana Jino.

La hermana Jino trabaja en el norte de Nueva Delhi, en la casa "Nirmal Hriday", lo que significa "Corazón Puro". Junto a la puerta, se lee en una pizarra azul: "Hogar para pobres moribundos". Debajo, puede verse un retrato de la Madre Teresa. En 1952, fundó la primera casa para moribundos en Calcuta.

Actualmente hay casi 5.000 Misioneras de la Caridad. Trabajan en 134 países, no solamente para quienes agonizan, sino también para enfermos, lisiados y huérfanos. Cada año se suman nuevas instalaciones.

El patio del hogar para moribundos en Nueva Delhi está adornado por cubos de flores. En el interior hay espacios de atención separados para hombres y mujeres, un cuarto para rezos y modestos alojamientos para las monjas.

"Actualmente tenemos a 174 hombres y 131 mujeres con nosotros", señala la directora procedente del sur de la India, la hermana Jino. Pero no todos están fatalmente enfermos. "Desde 1979 nos ocupamos aquí de personas con padecimientos totalmente diferentes", explica. "Algunos tienen heridas abiertas, otros, tuberculosis, pero también nos traen a deficientes mentales", relata. Estos
frecuentemente se quedan durante años. "Como su procedencia está en la nebulosa, para muchos somos las únicas personas de referencia".

Durante todo el día, ocho hermanas se ocupan del bienestar de los pacientes. Son respaldadas por los médicos de las inmediaciones, que tres veces por semana pasan por allí. "Sería bonito si fuéramos un par más", dice sonriendo la hermana Jino. "Pero los pacientes a los que les va mejor ayudan en el cuidado o en la lavandería o en la cocina".

Fue justamente esta ayuda para los desprotegidos la que le valió reconocimiento mundial a la Madre Teresa, llamada "Angel de los Pobres", y que ya fuera honrada en vida como una santa. Pero también siempre se registraron fuertes críticas hacia la carismática católica.

Se la acusaba de buscar en verdad solamente convertir a las personas al cristianismo. Y, sobre todo, se argumentó, ni ella ni su orden modifican nada en los orígenes de la pobreza. Si bien sacaban a personas agonizantes de la calle, no se ocupaban de que nadie más cayera en una miseria semejante.

Ambas acusaciones son rebatidas por la hermana Nirmala, la sucesora de la Madre Teresa. "Servimos a los más pobres de los pobres. No tiene ninguna importancia a qué religión pertenecen", aseguró poco después de la muerte de la fundadora de la orden. "Nuestro papel es ocuparnos de uno por uno, de aquellos excluidos, los parias". Otros pueden asumir la tarea de mejorar las relaciones sociales, apuntó.

La Madre Teresa nació en 1910, en el seno de una familia albanesa en Skopje, Macedonia. Con 18 años ingresó en la Orden de Loreto, a la que abandonó en 1948 para fundar las Misioneras de la Caridad. El 5 de septiembre de 1997 murió en Calcuta. En 2003 el papa Juan Pablo II la declaró beata, y ahora se espera su santificación.

En el convento en Calcuta todavía está presente en la sala de oraciones en forma de una estatua, en el mismo lugar donde se sentaba en vida. Afuera está colgado el cartel que antes se exhibía cuando no estaba de viaje: "La Madre está en casa". "El trabajo comenzó con Madre, es el trabajo de Dios, y continuará en todo el mundo", sostiene la hermana Nirmala, una década tras la muerte de su famosa antecesora.