Sascha Winterlich, de 21 años, superó la primera valla para estar en el funeral de Michael Jackson: el viernes voló desde Langenhagen, cerca de Hannover, Alemania, a Los Angeles, y el domingo hacía cola ante el estadio Staples Center.
Los Angeles.- "No me puedo creer que estoy aquí en vivo", afirma este aprendiz que es fan de Jackson desde los ocho años, que en 1997 lo vio por primera vez en un show y que tres años después incluso visitó el rancho-parque de diversiones de "Neverland".

"El martes quiero estar sí o sí en el concierto. Pienso que habrá muchas estrellas que canten por Michael, pero no conozco más detalles. Esto es un ir y venir constante", se lamenta Sascha. Sin embargo, este alemán no ha conseguido ninguna de las 17.500 entradas sorteadas.

Otros no dejan de intercambiar mensajes por Internet y en Twitter. "¡Dios, tengo entradas!" y "En marcha, a Los Angeles", son algunos de ellos.

La calma antes de la tormenta se terminó ya el domingo, dos días antes del funeral. Miles de fans se trasladaron al Staples Center. La estudiante y bailarina Alicia Gordon estaba en la larga fila frente a un enorme póster del "Rey del Pop" donde se pueden dejar mensajes de despedida. "Estoy aquí desde hace dos horas, Michael lo vale. A causa de él soy bailarina y eso será lo que voy a escribir", afirma la joven de 18 años.

También Barbel Dobermann dejó un mensaje en inglés en la pared, ya llena de inscripciones: "Thank You For Your Music, Michael", escribió esta turista que con su marido y otros amigos ya ha ido en peregrinación a la casa de Jackson y a la estrella que tiene en el Paseo de la Fama de Hollywood.
"Es un evento triste, pero es genial que justo estuviéramos de
vacaciones aquí", afirma la mujer unos 45 años. "Son recuerdos que quedarán por siempre".

Sólo de vez en cuando un fan se seca una lágrima, en general el ambiente es más bien alegre y relajado. Por 10 dólares se pueden comprar camisetas y libros sobre el cantante. Muchos han traído fotos autografiadas, recuerdos y viejos discos que muestran orgullosos a los desconocidos.

Un puñado de policías mira atento el espectáculo. "Somos miembros del LAPD (Los Angeles Police Department) y sabemos cómo actuar ante estos grandes eventos", sonríe el agente Lee. Y asegura no esperar cientos de miles de personas, sino como mucho unas 20.000, porque confía en que los fans seguirán las recomendaciones de su jefe, Jim McDonnell, que desde hace días anuncia que esa zona de Los Angeles estará ampliamente vallada y que sólo podrán acercarse quienes tengan una entrada. El resto pasará calor en la calle sin ver nada. Por eso insta a todos a seguir el funeral desde sus casas.

Pero los fans hacen oídos sordos. "Por supuesto intentaré llegar lo más cerca posible y celebrar a Michael con los varios miles de personas que estén alrededor mío", afirma Marco De Leon. "Será como en un manicomio", profetiza este hombre de 33 años.

Y alega indignado que será culpa de los organizadores, que en vez de limitar el número de espectadores deberían haber realizado un desfile por la ciudad como tras la muerte de la princesa Diana. Lleva una matrícula que dice "Love 4 MJ" (Amor por MJ).Tenía dos, pero la otra se la regaló al cantante hace muchos años.

También Sascha Winterlich cree que habrá caos, sobre todo si se muestra públicamente el cuerpo de Jackson. No hay planes de que vaya a ser así, pero los fans no pierden la esperanza. "Muchos se desmayarán, habrá empujones y lío, pero sería genial poder despedirse realmente y verlo por última vez".

Ya hubo una pequeña "emergencia" el domingo, según tmz.com, frente a la casa de la madre de Jackson en Encino, cuando una niña de 13 años se desmayó y hubo que llamar a un médico.

"La policía podría tener mucho que hacer mañana martes", especuló el reportero de televisión neozelandés David Farrier, quien acababa de llegar a la ciudad tras 13 horas de vuelo. "Esta es la mayor historia del espectáculo desde la muerte de Lady Di", comentó feliz de cubrir el evento.

Unos 2.000 periodistas estarán presentes con pulseras especiales que los acreditan. El triple intentó sin éxito poder estar, señala una portavoz de la organización. Pero ya no hay lugar.

A Sascha Winterlich nada lo convenció de no viajar a Los Angeles.

Ni el precio de 1.300 euros por el pasaje (1.800 dólares) ni sus amigos, que lo tomaron por loco. "Ellos no lo entienden. Si eres fan de Jackson desde hace tanto tiempo, sencillamente hay que estar aquí".