Excélsior
Además Bonilla interpretará, sin caracterización alguna y sólo con tonos y actitudes, otros 34 papeles, a los que se trasladará continuamente y sin previo aviso para enlazar la historia de la puesta en escena, para lo cual memorizó 60 páginas.
México, D.F..- Con un vestido hasta los tobillos, una pañoleta en la cabeza, sin maquillaje y con zapatos grotescos raspados por tanto fregar los pisos, es como se caracterizará Héctor Bonilla para protagonizar a Charlotte von Mahseldorf, un travesti que sobrevivió al nazismo de la Segunda Guerra Mundial, en el trabajo unipersonal Yo soy mi propia esposa, de Doug Wright.

"Lo trascendente de la obra ganadora del Pulitzer y el Tony en 2004, es narrar la historia de un sobreviviente, más allá de su sexualidad, que es prácticamente un milagro entre los regímenes más homofóbicos que han existido como el nazismo y el comunismo, donde este personaje estuvo atravesado entre 30 y 40 años en los que se ostentó sin maquillaje y tratando de decir `soy un hombre vestido de mujer'.

"Además sin querer escandalizar, ni ser la contracultura, sólo con el anhelo de tener un lugar y respeto dentro del sistema, como lo que él era", aseguró Héctor Bonilla en entrevista con Función.

Durante un ensayo del monólogo dirigido por Lorena Maza, al que este diario tuvo acceso, el actor detalló que su personaje principal está basado en uno real que nació en 1928 y murió en 2002.

Además Bonilla interpretará, sin caracterización alguna y sólo con tonos y actitudes, otros 34 papeles, a los que se trasladará continuamente y sin previo aviso para enlazar la historia de la puesta en escena, para lo cual memorizó 60 páginas.

La trama está basada en la vida de Charlotte von Mahlsdorf, un extravagante personaje de Berlín del Este que se mostraba abiertamente travestido y que coleccionaba relojes, fonógrafos y muebles antiguos de la época de Wilhelm II, con las que creó un museo.

"Fue distinguido con la Orden Alemana del Mérito luego de la caída del muro de Berlín. Con su vivencia, el autor hizo un retrato de la Alemania de aquella época a través de la plática directa, entrevistas y cartas con este personaje.

Es por eso que el escenógrafo Sergio Villegas detallará muchos de los objetos antiguos en su propuesta, que contará con el apoyo de la producción a cargo de Juan Torres y Guillermo Wiechers.

"Sólo hay un cambio de caracterización al inicio del segundo acto para mostrar a uno de los personajes que tuvo una relación más profunda con Charlotte, un amante, pero los demás son con el vestuario central, donde él no pretendió ser muy elegante, tal como lo dice: `yo soy la sirvienta de esta casa'.

"Ya era hora de abrir el tema de la homosexualidad y homofobia. Si vamos a discriminar a los homosexuales y hacemos una inmensa lista de los artistas descomunales que lo eran como Leonardo, Raphael, Tchaikovsky o Shakespeare, ¿qué es la humanidad? ¿Por qué no aceptamos que simplemente somos diferentes todos y todos tenemos derecho a existir?", cuestionó Bonilla, acerca de su trabajo 126 en teatro.

La directora escénica Lorena Maza indicó que los cambios entre los personajes son internos y de sicología, sin necesidad de marcar explícitamente la caracterización.

"Implica un trabajo minucioso, desbordado, más fino en los personajes y una gran habilidad y virtuosísmo del actor para representar y contar la historia, que tiene distintas formas narrativas: desde un recuerdo, la recreación en tiempo real o las memorias de los muebles coleccionados, que pertenecieron a las personas deportadas y asesinadas por el nazismo y comunismo, así que pasamos del pasado al presente y de ahí a la reflexión", concluyó Maza.