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Sin Embargo
Héctor brillo en el norte de la República y su resplandor alcanzó todo el extenso territorio nacional
Ciudad de México. Cooperstown, el emblemático Salón de la Fama de Beisbol en Estados Unidos, tiene una sección que homenajea el legado latino que se ha impuesto a base de grandes peloteros en todo el país norteamericano. Ahí, en un pequeño rincón, entre tanta gloria, reposa la franela que Héctor Espino (1939, Chihuahua) utilizó. Debajo, una leyenda dice: "El Babe Ruth mexicano".

Babe Ruth fue un robusto pelotero que revolucionó a los Estados Unidos con el bate de madera en la mano. Sus home runs cambiaron para siempre la fisionomía del juego y generaron una afición que fue creciendo alrededor del mito Ruth. Con 714 cuadrangulares, el jugador se convirtió en leyenda. El poder al bate de Babe perdura sin importar que su récord se haya roto. La vida del jugador en torno a ese número mágico, no se compara con ningún otro beisbolista, a excepción de Héctor Espino que realizó la tarea de Ruth en tierra mexicana.

Espino nunca jugó en las Grandes Ligas. Los St. Louis Cardinals vieron las cualidades del mexicano y apostaron por él. Espino fue enviado a la sucursal AAA en Jacksonville. En 32 partidos promedio un .300 con tres home runs. Sin embargo, el sentirse lejos de su casa, el constante racismo que había hacía los latinos en aquella época y sobre todo un problema económico con la dirigencia de Sultanes, provocaron que Héctor desistiera del sueño americano.

Numerosas suposiciones plantean el éxito que el mexicano hubiese tenido. Sin embargo, la fortaleza y el estilo de juego de Héctor fueron suficientes para que su nombre e historia se llenara de elogios desde cualquier parte o persona que viviese el beisbol con la pasión requerida. México fue lo suficientemente extenso para que su nombre llegara a oídos de los amantes de beisbol norteamericano.

Héctor brillo en el norte de la República y su resplandor alcanzó todo el extenso territorio nacional. En verano, los Sultanes de Monterrey vieron desfilar por años el número 21 de Espino mientras la gente se le entregaba previendo el ídolo que sería su primera base. En invierno, los Naranjeros de Hermosillo con su apasionado clima cubriendo a sus fieles seguidores, vieron desfilar a Espino mientras celebraban cuadrangular tras cuadrangular. El carisma del pelotero era tan grande como el poder de su bate.

El mejor pelotero mexicano de todos los tiempos conquistó 18 títulos en 24 temporadas como jugador profesional en verano e invierno. Su legado dejó letras doradas en el beisbol mexicano. Espino dignificó aún más la profesión de pelotero. El beisbol le rindió frutos hasta el día de su retiro que fue una fiesta multitudinaria en Hermosillo, Sonora. Con el bate y bajo la almohadilla de primera base, Héctor Espino dejó atrás a cualquier pelotero antes conocido.

Con Monterrey, Tampico, Unión Laguna, León, Saltillo, Monclova y el México, tuvo promedio de .335 de bateo con 453 jonrones y mil 573 carreras remolcadas. Ganó cuatro títulos de cuadrangulares y seis de bateo. Un monstruo al que los Naranjeros de Hermosillo le rindieron un merecido en homenaje en 1976. Su parque labrado con roletazos y golpes de cañon.

La madrugada del 7 de septiembre de 1997, el beisbol se llenó de luto. Un infarto al corazón pudo más que miles de lanzamientos desde la lomita. Héctor Espino se hizo leyenda ese día bajo el llanto de los suyos y de la fanaticada que veía morir una parte del beisbol nacional. "El Superman de Chihuhua" se iba con el trabajo hecho. En el recuerdo queda verlo parado junto al plato mientras la música suena en el parque antes de callarse para oír el encontronazo del bate con la pelota para verla viajar recto por todo jardín central. Nacido un 7 de junio, a 74 años de su nacimiento, el rey de los deportes está eternamente agradecido.