Pading, Indonesia .- Una serie de poderosos terremotos íincluyendo un sismo el viernes que provocó un alerta de maremoto tiene aterrorizados a los pobladores del oeste de Indonesia y millares de personas durmieron sobre telas de plástico en las colinas.
Los sismólogos dicen que lo peor está por venir. Kerry Sieh, del Instituto de Tecnología de California, ha pasado décadas estudiando la inestable falla sísmica en el lugar. Es uno de varios expertos que pronostican la repetición del devastador terremoto que desencadenó el maremoto asiático del 2004 que mató a más de 230.000 personas en una docena de naciones en la cuenca del Océano Indico.

``Nadie puede decir si será en 30 segundos o en 30 años'', dijo. ``Pero lo que ocurrió los otros días, creo que ha sido posiblemente una secuencia de terremotos menores conducentes a uno mayor''.

Un sismo de magnitud 8.4 que sacudió el miércoles el sudeste de Asia fue seguido por docenas de remezones intensos íincluyendo uno de 7.8 y otro de 7.1í con un saldo de 13 muertos, cientos de casas dañadas y una ola de 3 metros (10 pies).

Otro temblor de magnitud 6.4 volvió a sacudir el lugar el viernes, desencadenando una nueva advertencia de maremoto que alarmó a la población. Cientos de personas huyeron hacia tierra adentro a pie, en motocicletas y camiones hasta que se canceló el alerta.

La columna de agua que cayó el miércoles sobre varias aldeas pesqueras en las costas de la isla de Sumatra arrastró una docena de casas, pero los daños totales fueron calificados de ``mínimos'', dijo el presidente indonesio Susilo Bambang Yudhoyono después de una inspección de la Fuerza Aérea.

Un equipo de evaluación de nueve personas de las Naciones Unidas llegó a la misma conclusión después de visitar el área y dijo que no hacía falta una operación internacional de ayuda de gran escala, según una declaración difundida en Nueva York por John Holmes, el coordinador de emergencias de la ONU.

Mucha gente dijo que una campaña informativa lanzada después del maremoto del 2004 dio resultados, incluyendo advertencias emitidas por los altavoces de las mezquitas y las instrucciones suministradas por funcionarios locales.

``Cuando la tierra empezó a temblar alguna gente gritó '¡Es hora de subir a la montaña... Vamos!'', dijo Fadil, de 35 años, padre de dos niños, al describir cómo él y cientos de vecinos vieron desde lo alto de la colina cuando se acercaba la ola. Cientos de casas resultaron dañadas pero no hubo muertos.