Washington, EU.- La Agencia Aeronáutica y Espacial estadounidense (NASA) espera impaciente: tras casi diez meses y unos 680 millones de kilómetros recorridos en el universo, la sonda de Marte "Phoenix" emprenderá en la media noche del domingo la peligrosa maniobra de aterrizaje en el planeta rojo. En torno a las 11:53 horas (GMT), la cápsula de aterrizaje tocará tierra en el pequeño planeta vecino.
Su misión: buscar rastros de vida en el helado polo norte marciano. Sin embargo, antes de que esto ocurra, los nervios están a flor de piel. "No va a ser ningún paseo", señala el manager de la NASA Ed Weiler. "Instalar de forma segura una sonda en Marte es complicado y arriesgado". El terreno es hostil; sólo cinco de los cerca de una docena de intentos internacionales se han saldado con éxito. Eso sí, todos esos éxitos fueron cosechados por la NASA.

En el centro de control de la Tierra se cruzan los dedos antes del vuelo de aproximación. El módulo de aterrizaje, de 410 kilogramos, entrará a una velocidad de 20.000 kilómetros por hora en la atmósfera del palneta rojo y después emprenderá una serie de difíciles maniobras, reduciendo la velocidad a menos de 10 kilómetros por hora, para finalmente aterrizar de forma suave sobre la superficie de Marte.

El siguiente escollo llega inmediatamente después. Los expertos temen sobre todo que la cápsula de aterrizaje, de metro y medio de ancho, no pueda desplegar sus redondas alas solares debido a las rocas. Para evitarlo, la zona de aterrizaje fue fotografiada cuidadosamente desde el universo. Durante la noche del lunes, la sonda europea "Mars Express" observará la complicada maniobra desde una distancia de 300 kilómetros. "Si algo falla, al menos queremos aprender de ello", dijo el director de misiones interplanetarias del centro de control del Centro Europeo de Operaciones Espaciales (ESOC), Paolo Ferri.

Si el aterrizaje se desarrolla con éxito, la sonda "Phoenix" explorará el suelo marciano durante la primavera y el verano del planeta con su brazo robótico de 2,4 metros de longitud. Para ello cuenta con una cámara de precisión germano-estadounidense montada sobre el brazo, de forma que cuando la pala excavadora de éste se introduzca hasta un metro de profundidad en la superficie del planeta puedan obtenerse fotografías a color de las muestras y los sedimentos a ambos lados del foso.

La cámara puede con todo, dice el investigador jefe Horst Uwe Keller, del institunto Max-Planck para investigación del sistema solar. Es "la primera cámara en el universo cuyo foco puede ajustarse". Así, es posible realizar fotografías macro de muestras del suelo con una definición de 50 micrometros (un cuarto del grosor de un cabello humano), imágenes del enotorno y, en caso de necesidad, incluso fotografías planas de la superficie del planeta.

La expedición investigará, entre otros aspectos, si el hielo cerca de la superficie de Marte se derrite con regularidad, de forma que pudiera haber un espacio para microorganismos. Además, hasta ahora se desconoce si el suelo helado en el lugar de aterrizaje sólo tiene unos centímetros de grosor, o si éste es de medio metro.

"La 'Phoenix' aterrizará más al norte de lo que ninguna otra misión ha hecho hasta ahora", subraya Barry Goldstein, del laboratorio de la NASA sobre tecnología de tracción en Pasadena (California). Los costos del proyecto total ascienden a 420 millones de dólares (unos 310 millones de euros).

Sin embargo, la sonda no sólo busca posibles rastros de vida. Los científicos esperan descubrir más datos sobre el cambio climático, por qué Marte, que una vez fue un planeta húmedo y templado, se transformó en un planeta frío con capas de hielo.

En un principio, la sonda debería haberse puesto en marcha en 2001, en el marco del programa Surveyor. Pero el viaje se canceló después de que en 1999 el "Mars Polar Lander" se perdiera cerca del polo sur. Desde entonces, "Phoenix" ha sido "conservada" y equipada técnicamente en una sala del consorcio tecnológico Lockheed Martin.

El nombre de la sonda proviene de la mítica ave fénix, que renace de sus cenizas y es tan inmortal como la pregunta de si hay o hubo alguna vez vida en Marte.