Juan Arvizu / El Universal
Cd. de México.- Lenguajes divergentes se cruzaron ayer en Xicoténcatl, donde todo se acomodó para recibir a siete senadores de Estados Unidos, como a ninguna otra delegación parlamentaria extranjera: se despejaron vestíbulo, pasillos, escalinatas y se bloquearon accesos a espacios donde estarían los visitantes.
Con tanto almidón, parecía que fuera a llegar el Presidente de la República, en el único día que pone el pie en la casona de los senadores, al homenaje a Belisario Domínguez. Hasta hubo vestimentas de elegante negro y nadie tuvo la puntada de presentarse de chamarra, de camisa informal o de dudoso gusto en el color; dicha costumbre pinta para caracterizar la Legislatura.

Santiago Creel (PAN), presidente del Senado, hizo gala del lenguaje diplomático parlamentario, al recibir a Harry Reid, seis colegas más, y al embajador estadounidense, Antonio Garza, en el salón Luis Donaldo Colosio. Allí tuvieron lugar los 15 minutos que marca el protocolo.

Integrantes de la comitiva mexicana percibieron el lenguaje del Tío Sam, el del interés real estadounidense: el Plan México y la crisis de Venezuela. "Lo demás, los indocumentados, les vale", dijo uno de los presentes.

Por cierto, en la calle otro lenguaje, el de los mexicanos víctimas de la violación de derechos en Estados Unidos, se expresó con la voz de Elvira Arellano, la madre deportada sin hijo, que saludó a Harry Reid y compañía: "¡No deportation! ¡No deportation!". Con una cartulina blanca y tinta roja exigía a los senadores de EU: "¡Legalization Now!" (¡legalización ya!).

Elvira tenía el rostro demacrado por 13 días de ayuno que concluía en ese grito suyo y de millones de mexicanos: "¡No deportation!". Claro que no hubo respuesta para el lenguaje de los indocumentados.

A mister Reid y su delegación de republicanos y demócratas en gira por cuatro países del hemisferio, los recibió un pleno mexicano desdeñoso. Hubo frío humano, cero aplausos, raro lenguaje de la indiferencia.

Manlio Fabio Beltrones (PRI), que forja la fama del legislador más fuerte del momento, mientras los visitantes estaban ocho minutos en el salón del pleno, se fue a las últimas filas a charlar de pie con Alberto Anaya y Alejandro González Yánez (PT), sin atender la bienvenida a los siete amigous de Washington.

Antes del arribo de los legisladores Reid, Corchan, Bingman, Dorgan, Crapo, Menéndez y Conrad, había 30, quizá 40 escaños vacíos. Personal del Senado recibió la orden: "Pásate y siéntate ahí". Así "rellenaron" lugares.

Después, la delegación del Tío Sam fue a almorzar con los líderes, y acaso quedaron 35 senadores; por ello surgió el lenguaje de la rabia de los presentes. Se exigió suspender la sesión cuando Luis Alberto Coppola (PAN) presentaba una propuesta. Felipe González (PAN) explicó las ausencias: muchos senadores trabajaban en distintas comisiones, en paralelo al pleno.

Y es que diciembre toca la puerta con el lenguaje de las prisas: todo urge.