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Agencias
El esperanto, creado para ser la lengua universal, es el más evidente, pero la ficción ofrece casos famosos, como Tolkien y Avatar. Internet como herramienta para inventar lenguas.
Nacida como un ideal que buscaba unir a las distintas culturas del planeta, en busca de la paz y del entendimiento entre los pueblos, la invención de idiomas artificiales fue encontrando fines menos utópicos, como el mero entretenimiento.

Ludwik Zamenhof, un oftalmólogo polaco, inventó el esperanto en 1887. Más allá de sus expectativas, nunca llegó a cumplir la función que en los hechos terminó cumpliendo el inglés: ser el idioma con el que se pueden comunicar personas de culturas diferentes.

Aún así, de los creados para satisfacer necesidades prácticas, fue el más exitoso. Distintas estadísticas muestran que lo hablan entre 100 mil y 2 millones de personas en todo el mundo.

Suzette Haden Elgin, una de las primeras blogueras de la historia, es un ejemplo interesante. Llevó su feminismo tan lejos que creó el 'laadan' con la intención de convertirlo en la lengua universal de las mujeres.

Pero los idiomas producidos por la ficción despertaron bastante más interés en el público general. La tradición se remonta al siglo XIV, con Dante Alighieri y su Divina Comedia, donde el Diablo habla un dialecto completamente inventado.

Ya en el siglo XX, los casos más célebres son la Nolengua creada por George Orwell en su célebre y crítica novela, 1984, y JRR Tolkien, que con El señor de los anillos llevó la creación de un idioma para fines artísticos a su máxima expresión.

La tradición pasó de la literatura a la televisión y al cine. Por ejemplo, Star Trek, la famosa serie televisiva estadounidense estrenada en 1966. Más recientemente, Avatar, la película más taquillera de la historia. James Cameron, su creador, contrató al lingüista Paul Frommer para que inventara el na'vi, la lengua que hablan los indígenas extraterrestres del film.

«Ningún lenguaje creado por razones sociales ha sido tan popular como los fabricados por el cine, la televisión y la literatura», aseguró Arika Okrent, autor de In the Land of Invented Languages, en una entrevista al New York Times.



El caso de Star Trek es uno de los primeros que impuso popularmente un idioma inventado. El lingüista Marc Okrand creó el Klingon, que llegó a verse reproducido por miles de fanáticos y hasta por una versión especial del Monopoly, el clásico juego de mesa. Incluso se fundó un instituto dedicado a su estudio. Pero, a pesar del fenómeno causado, estuvo lejos de ser una lengua realmente hablada por un número considerable de personas, en gran medida por su dificultad sonora y lingüística, que hace muy difícil aprenderlo.

Las lenguas creadas para fines ficcionales tienen una diversidad léxica y gramatical que no las diferencian mucho del japonés o del italiano. Según Okrent, «un vocabulario rico es mucho más difícil de aprender, pero exige menos esfuerzo para la construcción de sentido».

La probabilidad de supervivencia de una lengua fabricada depende de la difusión que tenga en el seno de un grupo humano. «Si el esperanto no disparó -aseguró Okrent- es porque no se pudo liberar de las intenciones y de las estrictas reglas de su creador». El estudio de una lengua tiene más que ver con cuestiones afectivas que con motivaciones prácticas. Por eso, es fundamental la voluntad de pertenecer a un grupo.



Las nuevas tecnologías y los idiomas

Internet representa una plataforma única para crear y difundir lenguas originales. Por ejemplo, en el sitio dothraki.com, creado por un estudiante alemán de 23 años, se ofrece todo lo necesario para aprender el dothraki, como un diccionario que traduce al inglés. En la misma línea se utilizan Facebook y Twitter para transmitir en vivo las reuniones que mantienen los practicantes de na'vi en el condado de Sonoma, California.

Incluso se había llegado a crear un sitio que catalogaba las distintas neo-lenguas, que en 2007 llegaban a ser 2 mil. Basta con introducir langmaker en Google para que aparezcan cientos de manuales muy sencillos de utilizar.

Peterson y Frommer, fundadores de la Language Creation Society (Sociedad de Creación de Lenguaje), de Estados Unidos, prevén un futuro en el que las universidades enseñen el dothraki como hoy lo hacen con el swahili y el árabe. Aunque parece difícil, ya que estas dos lenguas fueron habladas durante siglos por pueblos culturalmente demasiado ricos como para compararlos con un idioma de ficción.