Jerusalén.- Israel se tomó muy en serio el viernes las amenazas lanzadas por el movimiento libanés chiita Hezbolá de que vengará el asesinato de uno de sus jefes, que atribuye al estado hebreo, temiendo atentados en el extranjero contra sus intereses o contra instituciones judías.
Israel, al que el Hezbolá acusa de haber matado a Imad Mughnieh, puso a su ejército en estado de alerta especialmente en su frontera norte, que limita con Líbano, y llamó a los israelíes en el extranjero a tomar precauciones excepcionales y a reforzar la seguridad de sus representaciones diplomáticas.

Según la prensa local, el gobierno israelí se preocupa particularmente del riesgo de secuestro de los generales de reserva y otras personalidades en viaje al extranjero.

Imad Mughnieh, hombre clave de las operaciones armadas del Hezbolá, murió en un atentado con coche bomba el martes en Damasco. Mughnieh era buscado por Interpol desde hacía 20 años, acusado por Estados Unidos e Israel de una serie de secuestros y atentados, entre ellos los de 1992 y 1994 en Buenos Aires contra la embajada de Israel y la Asociación Mutual Israelita Argentina (AMIA).

Durante su funeral el jueves en las cercanías de Beirut, el jefe del Hezbolá, Hasan Nasralá, declaró una "guerra abierta" a Israel.

Según el diario israelí Haaretz, "el asesinato del número dos del Hezbolá permitió deshacerse de un artífice del terrorismo internacional, pero hace a Israel vulnerable a una escalada militar".

"Es demasiado temprano para descorchar el champán", escribía en su portada, dando a entender que Israel no debe alegrarse prematuramente.

Israel desmintió oficialmente cualquier implicación en el asesinato de Mughnieh, pero no ocultó la satisfacción por su muerte.

Según la prensa israelí, el responsable del Hezbolá estaba en la línea de mira de los servicios secretos israelíes, el Mosad.

El jefe de la Oficina de Lucha Antiterrorista, el general de reserva Nisan Uriel, reiteró las estrictas consignas de prudencia a los israelíes en el extranjero.

Les recomendó no viajar a "países árabes o musulmanes" y evitar, donde quiera que estén, encontrarse en grupo. Y llamó a las familias en Israel a "advertir inmediatamente a sus allegados en el extranjero de los peligros".

"Estas consignas de caracter general son necesarias porque el Hezbolá demostró en el pasado su capacidad para atentar", afirmó la radio.

Las fuerzas terrestres, aérea y navales de Israel fueron puestas en alerta.

Según fuentes militares, se anularon los permisos para los soldados desplegados en la frontera siria y libanesa, se enviaron unidades de refuerzo y la defensa pasiva examinó el estado de los refugios.

Para los responsables de la seguridad israelí, el Hezbolá se vio violentamente sacudido por la muerte de Mughnien y hará todo lo posible para atacar cuanto antes y de la forma más espectacular.

Les preocupa en particular el peligro de atentados en el extranjero contra israelíes o judíos, especialmente en América Latina y Extremo Oriente. Pero no excluyen un atentado en Israel perpetrado por grupos palestinos apoyados por el Hezbolá.

En 1992, el grupo "Yihad Islámica" de Beirut había reivindicado un atentado en Buenos Aires contra la embajada de Israel, en que murieron 29 personas, afirmando haber querido vengar la muerte del secretario general del Hezbolá, Abas Musauai, en un ataque aéreo israelí.

En 1994 también en Buenos Aires, 85 personas murieron en el atentado contra la AMIA. Según Israel, el Hezbolá cometió estos dos atentados con la ayuda de Irán. La Interpol buscaba a Mughnieh por su presunta implicación.