Miami, EU.- Cuando el zurdo Jon Lester, de los Medias Rojas de Boston, suba mañana al montículo frente a los Atléticos de Oakland en el McAfee Coliseum lo hará envuelto en un halo de felicidad que no desaparecerá ni siquiera con una derrota.
El zurdo Lester, de 24 años, logró el pasado lunes frente a los Reales de Kansas City el primer partido de "Cero hit cero carreras" de la temporada 2008 en el béisbol norteamericano, una joya de pitcheo que muchos monticulistas nunca logran en toda su vida deportiva.

"A medida que el partido avanzaba, parecíamos dos bebés", señaló el manager Terry Francona al referirse a la emoción que lo embargaba junto al entrenador de pitcheo, John Farell.

En el choque, Lester (3-2, 3,41) sólo permitió que dos corredores llegaran a la inicial, ambos por "pasaporte" en el segundo y noveno capítulos, al tiempo que propinó nueve ponches entre los bateadores rivales. El marcador finalizó 7-0.

"Probablemente no sea justo decirlo, pero me siento como si mi propio hijo se hubiera graduado y como si hubiera lanzado un no hitter", dijo Francona. "Probablemente sea egoísta decir algo así, pero es lo que sentimos por ese muchacho".

Esa alegría se suma a otros grandes momentos que tuvo Lester en 2007, pues finalizó la campaña con marca de 4-0, en una racha que se extendió sin conocer la derrota desde el 13 de agosto de 2006 con 15 salidas al box, 14 de ellas como abridor.

Pero el punto culminante de la campaña anterior llegó el 28 de octubre, cuando el zurdo derrotó 4-3 a los Rockies de Colorado en el cuarto partido de la Serie Mundial, el que llevó al Boston al anillo de campeón de las Mayores.

Sin embargo, la historia de Jon Lester es mucho más que bolas y strikes ganados y perdidos en el terreno de juego.

Al aún joven Jonathan Tyler Lester, nacido el 7 de enero de 1984, en Tacoma, Washington, le diagnosticaron un linfoma maligno a comienzos de 2006 y tras una ardua y resistente lucha regresó al deporte como un gladiador victorioso de una épica batalla.

Hace poco más de 18 meses, Lester ni siquiera podía sostener la pelota de béisbol en su mano, resultado de la quimioterapia y otros fuertes antibióticos que le hicieron perder el cabello y muchas libras de peso.

El cáncer obligó a Lester a abandonar la práctica deportiva y refugiarse un buen tiempo en casa junto a su familia con la esperanza de que el tratamiento le devolviera la salud por encima de todo.

Parecía el fin de su vínculo con el deporte.

Con mucha fe, esfuerzo y perseverancia, poco a poco fue recuperándose hasta sanar totalmente.

Entonces Lester regresó en forma paulatina a la vida diaria, que incluyó los campos de entrenamiento de Boston, donde volvió a ser la gran esperanza que los técnicos vaticinaron y que la enfermedad estuvo a punto de truncar.

"He pasado por muchas cosas durante el último par de años, pero Francona ha sido como un padre para mí", señaló Lester.

Ahora Lester y el cubano-puertorriqueño Mike Lowell (al que se le diagnosticó un cáncer en los testículos tiempo atrás) son los dos compañeros que expresan mayor felicidad ante cada triunfo de Boston, porque ambos son supervivientes de la maligna enfermedad yconocen a fondo las adversidades de la vida.