Japón es uno de los países más envejecidos del mundo, donde los mayores de 60 años suponen una proporción creciente de la sociedad, del mercado laboral y del sistema político.
Tokio, Japón.- Los jóvenes japoneses se sienten ajenos a un sistema político dirigido a una población envejecida, pero varias asociaciones estudiantiles luchan estos días para evitar una elevada abstención juvenil en las elecciones generales del domingo.

"En un país con tanta gente mayor es importante que nuestra participación aumente y exijamos cambios a los políticos", asegura a Efe Kensuke Harada, de 23 años, estudiante de Ciencias Políticas en la Universidad de Tokio y coordinador del grupo Ivote, que anima a los jóvenes a acudir a las urnas el día 30.

Japón es uno de los países más envejecidos del mundo, donde los mayores de 60 años suponen una proporción creciente de la sociedad, del mercado laboral y del sistema político.

Para Harada, la campaña electoral ha estado dirigida a los mayores y ha demostrado que el esquema está caduco: políticos que pasan de la cincuentena, normas electorales de hace 59 años y un partido, el Liberal Demócrata (PLD), que no ha perdido unas elecciones en 54 años.

Para Yuko, una veinteañera residente en las cercanías de Tokio, ni siquiera estas elecciones, que prometen hacer historia y acabar con la hegemonía del PLD en favor de la oposición, han despertado su interés, pues no le interesa "nada" la política.

La joven confiesa a Efe que el domingo no tiene pensado ir a votar, ya que no conoce ninguno de los candidatos llamados a dirigir su país en los próximos cuatro años, y que seguramente preferirá visitar tiendas en el tokiota barrio de Shibuya.

Pero, para asociaciones estudiantiles como Ivote o Ring, en un país donde casi uno de cada cuatro habitantes tiene más de 65 años y donde la participación de los jóvenes en las elecciones es la mitad que la de sus abuelos y padres, su voz debería hacerse oír con una masiva asistencia a las urnas.

Ivote, que reúne fondos para su campaña a través de donaciones de sus miembros, "anima a votar a los estudiantes japoneses para que los intereses de nuestra generación cuenten en un país con baja tasa de natalidad y problemas en el sistema de pensiones", señala Harada.

Takehiko Nishino, estudiante de la Universidad Meiji y fundador de Ring, escuchó de boca de los propios candidatos la cruda verdad: "Cuando nos reunimos con los políticos reconocieron que no presentan medidas para los jóvenes pues éstos no están interesados en la política", explicó a Efe.

La participación de jóvenes de entre 20 y 29 años en las elecciones de 2005 fue del 46 por ciento, mientras que de votantes entre 60 y 79 años fue del 81 por ciento, lo que ha llevado a muchos políticos a borrar la palabra juventud de sus programas electorales.

Según Ivote, que se reúne en bares con políticos y estudiantes para promover el voto entre los mayores de 20 años -edad legal para votar en Japón-, si no se revierte esta baja participación los legisladores dejarán de tenerlos en cuenta.

Más del 10 por ciento de los diputados japoneses superan los 70 años, aunque el opositor y favorito Partido Democrático (PD) ha sido uno de los primeros en incluir en sus listas caras jóvenes y proponer políticas para reducir los gastos educativos, bajar la temporalidad juvenil y aportar ayudas para formar una familia.

Harada teme que, si la voz de los jóvenes no se hace oír el domingo, se vean aún más excluidos del mercado laboral, donde engrosan las listas de temporalidad, y en el sistema de seguridad social, donde, según el diario Japan Times, sufrirán un déficit de 25 millones de yenes (186.435 euros) por persona para cuando lleguen a la vejez.

Asimismo, el problema del paro es dos décimas superior entre los japoneses entre 16 y 35 años que la media nacional del 5,4 por ciento, y el cada vez menor número de trabajadores jóvenes ha llevado al Gobierno a reconocer que las pensiones deberán reducirse en el futuro.

Para Harada, el problema es un círculo vicioso en el que los jóvenes pierden interés por la política y los políticos los excluyen de sus propuestas a favor de un electorado envejecido, al tiempo que la fuerza laboral joven se reduce y su importancia en la sociedad queda ensombrecida por sus mayores.