Declarado enemigo político del entonces dictador surcoreano, el general Park Jung-hee, en 1973 fue secuestrado en Tokio en un intento de asesinato encubierto de los Servicios Secretos surcoreanos, aunque el espionaje estadounidense evitó su muerte.
Seúl, Corea del Sur.- El ex presidente Kim Dae-jung fue una de las figuras más importantes de la democracia surcoreana y el gran impulsor de la política de reconciliación con Corea del Norte, por lo que recibió el premio Nobel de la Paz.

Kim Dae-jung falleció hoy de un fallo cardiaco a los 85 años (según la tradición coreana que cuenta la edad desde el vientre materno) tras haberse ganado el respeto de la clase política surcoreana por su lucha por la democracia como activista y su acercamiento a Corea del Norte como presidente entre 1998 y 2003.

Fue el primer político de Corea del Sur que se reunió con el líder norcoreano, Kim Jong-il, durante la histórica cumbre de 2000 en Pyongyang, que le valió el Premio Nobel de la Paz ese mismo año.

El ex mandatario era muy respetado por su historial de lucha por la democracia en un país que vivió una dictadura hasta mediados de los 80, por la que él mismo sufrió varios intentos de asesinato, una condena a muerte y el exilio hasta 1985.

Fue además el primer presidente que llegó al poder desde la oposición progresista, ya con más de 70 años, después de pasar diez años en arresto domiciliario, un lustro en la cárcel y varios años en el exilio.

Su carrera como activista democrático comenzó poco después de acabar la Guerra de Corea (1950-1953) y ejerció como adalid de la democracia en plena sucesión de dictaduras militares hasta mediados de los 80.

Declarado enemigo político del entonces dictador surcoreano, el general Park Jung-hee, en 1973 fue secuestrado en Tokio en un intento de asesinato encubierto de los Servicios Secretos surcoreanos, aunque el espionaje estadounidense evitó su muerte.

Otro de los episodios decisivos en su vida fue su papel en las protestas pro democráticas de Gwangju contra el mandato de otro general, Chun Doo-Hwan, en las que 200 personas murieron tras una sangrienta represión.

Fue condenado a muerte por alentar la protesta, pero después la pena le fue reducida a veinte años de cárcel y finalmente partió al exilio hasta 1985, año del comienzo de la transición democrática en Corea del Sur.

Kim ganó las elecciones en 1997 con el 40 por ciento de los votos y por primera vez un partido opositor y progresista tomó el poder en Corea del Sur, lo que inauguró un período de diez años de gobiernos reformistas.

El mandatario sacó al país de la crisis financiera que lo había dejado en la ruina y apostó por el acercamiento intercoreano con una política de reconciliación ambiciosa que nunca antes se había intentado.

Kim Dae-jung y el líder norcoreano Kim Jong-il escenificaron en 2000 la primera reunión entre líderes de ambos lados de la península dividida, algo que emuló su sucesor en la Presidencia, Roh Moo-hyun en 2007.

En aquella cumbre firmaron un acuerdo histórico que favoreció la reconciliación nacional, la disminución de las tensiones militares y la cooperación económica, además del reencuentro de las familiasseparadas a la fuerza por la guerra fratricida de Corea (1950-53).

Pocos meses después de su visita al régimen comunista del Norte, cuyo Ejército estuvo apunto de fusilarle en los años de la guerra, recibió el premio Nobel de la Paz "por su trabajo por la democracia y los derechos humanos en Corea del Sur y por la paz y la reconciliación con Corea del Norte".

No obstante, Kim Dae-jung no fue ajeno a la polémica que rodea a todos los presidentes surcoreanos y se vio salpicado por escándalos de corrupción familiar y con la revelación en 2003 de que su reunión en Pyongyang fue en parte gracias a un pago de 500 millones de dólares al régimen comunista.

Su muerte, aunque no tan inesperada como la de su sucesor en la presidencia, Roh Moo-hyun, que se suicidó el pasado mayo, ha sido muy sentida por el pueblo coreano que lo respetaba, a pesar de que se había posicionado claramente contra el actual jefe del Ejecutivo, el conservador, Lee Myung-bak.

"Hemos perdido a un gran líder. El pueblo lo recordará por su compromiso con la democracia y la reconciliación nacional", dijo Lee hoy tras su muerte.