El Universal
La navegación a cada vez mayores velocidades o la posibilidad de volar fueron sueños de inventores que buscaban aprovechar estas fuerzas naturales. Pero el siglo 20 nos trajo un deporte apasionante que mezcla la navegación y el vuelo con el ejercicio y la adrenalina.
Los básicos

El nombre de kiteboarding se refiere a los dos elementos que debe usar el aventurero: una tabla (board) parecida a la de los surfistas y un enorme papalote (kite) que más bien nos recuerda a los paracaídas o parapentes.

Lo primero que aprende el novato es a manejar el kite que se controla con dos o cuatro líneas, según se va avanzando en experiencia.

Así, sin moverse del suelo, uno comienza a dirigirlo hacia arriba o abajo aprovechando lo que los profesionales llaman el "arco de viento", un arco imaginario que se despliega a los lados y hacia arriba del piloto.

Si levantamos el papalote al punto cenital tendremos menor velocidad de desplazamiento y mayor sustentación vertical.

Por el contrario, si dejamos caer ligeramente el kite hacia el frente, la corriente de aire jalará al piloto hacia adelante, lo que hará que montado en la tabla se pueda llegar a una velocidad de hasta 70 kilómetros por hora. Claro que esto sólo es recomendable para expertos.

Los lugares óptimos para este deporte deben tener buenas corrientes de viento constante. Si se desea velocidad, el agua debe ser lo más plana posible, esto quiere decir, con un oleaje mínimo.

Si lo que busca el tripulante son saltos espectaculares, entonces el fuerte oleaje será un aliado, de hecho, en la península de Yucatán se hacen competencias durante los días en que los "nortes" -perturbaciones ocasionadas por un frente frío- dejan sentir su fuerza en las playas de la región.

Hay competencias donde se califican los mejores saltos, la altura y el grado de dificultad de las acrobacias.

Tulum en el Caribe, y la península de Baja California son los mejores lugares de nuestro país para esta actividad. Tarifa, en la costa de Africa, Marruecos y Hawai son el paraíso para los amantes de este deporte. Allá se llevan a cabo campeonatos donde acuden los mejores tripulantes de varias partes del mundo.

Si te decides a intentar el kiteboarding, no es necesario comprar el equipo. Las escuelas que encuentras en Jalisco, Puebla, la Ciudad de México (sí, comienzas en tierra firme) o la península yucateca, lo rentan.

Ahí aprenderás primero a controlar el papalote. Iniciarás con uno pequeño que presenta poca resistencia al viento. No te desesperes, el primer día no te moverás más de 10 pasos de tu lugar y acabarás con los brazos adoloridos por la tensión.