Ciudad de México.- La captura de Sandra Avila, "la Reina del Pacífico", y luego de la reina de belleza Laura Elena Zúñiga, mostraron la cara femenina del narcotráfico mexicano. Pero esos son sólo ejemplos de un mar de historias, según plantea el libro "Miss Narco. Belleza, poder y violencia", del periodista Javier Valdez.

Esta obra, recién publicada en México, recrea la experiencia de 22 mujeres, entre jóvenes sedientas de poder y dinero, prostitutas, madres de capos o de asesinados, víctimas y hasta policías que dan cuenta de la participación femenina en el negocio de las drogas.
Ciudad de México.- La captura de Sandra Avila, "la Reina del Pacífico", y luego de la reina de belleza Laura Elena Zúñiga, mostraron la cara femenina del narcotráfico mexicano. Pero esos son sólo ejemplos de un mar de historias, según plantea el libro "Miss Narco. Belleza, poder y violencia", del periodista Javier Valdez.

Esta obra, recién publicada en México, recrea la experiencia de 22 mujeres, entre jóvenes sedientas de poder y dinero, prostitutas, madres de capos o de asesinados, víctimas y hasta policías que dan cuenta de la participación femenina en el negocio de las drogas.

Valdez, oriundo del estado norteño de Sinaloa, uno de los más afectados de México por el narcotráfico, dijo a dpa que "hace una década, cuando se desbordó este problema, la mujer dejó de ser un objeto 'de ornato' para jugar un papel más activo en las organizaciones de la droga".

De disfrutar de los privilegios de tener un esposo o amante narcotraficante que les otorgaba vida de reinas, "ahora las mujeres portan armas, realizan operaciones de lavado de dinero, de transporte y venta de drogas o cobran deudas", explicó.

Pese a este protagonismo, ejemplificado "en las cifras de detenciones y de asesinatos de mujeres", "las narcas" están lejos de convertirse en "matonas a sueldo" o de liderar cárteles, con excepción de Sandra Avila, que organizaba el transporte de cocaína de México a Colombia para el Cártel del Golfo.

Para el escritor, en algunas regiones es fácil identificarlas: por su alocada forma de manejar, de hablar y hasta de estacionarse.

"Su atuendo es escandaloso, visten marcas carísimas porque el narco cree que al llamar la atención infunde temor y respeto", agregó el fundador y columnista del diario "Riodoce".

Según sus estimaciones en Sinaloa, de cada 10 mujeres, seis se involucran voluntariamente, mientras el resto son obligadas a ingresar a un negocio del que difícilmente se puede salir.

"Eso permea mucho en las regiones del narco donde la filosofía de vida de los jóvenes, incluidas las mujeres, es 'rápida, fácil y efímera'. Es decir, hacer dinero pronto y vivir intensamente, sin importar el precio", planteó el autor de "De azoteas y olvidos".

Las historias que retrata Valdez, producto de años de trabajo, también dan voz, aunque bajo el anonimato, a familiares de las víctimas como una periodista y una maestra asesinadas o a una madre que se ve en la penosa tarea de recoger los pedazos de su hijo de 15 años y enterrarlo en silencio.

Paradójicamente, "Miss Narco" revive el calvario que debió pasar para recuperar el cuerpo de su hijo Aurora Fuentes, madre de Amado Carrillo, quien fuera líder del Cártel de Juárez y que era conocido como "el Señor de los Cielos", tras su muerte en 1997 al intentar cambiar su rostro mediante una cirugía plástica.

En opinión del periodista, algunas mujeres ven en el narcotráfico una forma de escalar y de imponer respeto y miedo dentro de una sociedad tradicionalmente machista.

Y aunque madres solteras, jefas de familia o jóvenes ingenuas tratan de sobrevivir dentro de este medio, la belleza sigue jugando un papel trascendental entre los varones del narcotráfico.

"Por eso amagan o compran coronas en los concursos de belleza para que sus parejas o familiares obtengan el cetro", añadió Valdez, cuyo libro narra la historia de Claudia Yajaira, a quien su tío, un capo, le compró el título de reyna en el Carnaval de Mazatlán.