Lucía Sánchez
En un día todo ser humano emplea varias máscaras dependiendo de la circunstancia por la que esté atravesando, afirma el dramaturgo regiomontano Hernán Galindo. Debido a esto, agrega, la función del teatro es ser un espejo en el que nos podamos reconocer con honestidad, afirma el autor de textos como "La Gente de la Lluvia" y "Los Niños de Sal", libreto que recientemente se estrenó en Saltillo bajo la dirección de Juan Antonio Villarreal.
El dramaturgo estuvo en Saltillo para presentar su libro "Círculos en el Jardín", en donde queda expuesto que los personajes son individuos llenos de matices, con pasado imborrable y apuestas al futuro, llenos de planes y conflictos, que los convierten en seres humanos.

En entrevista, expone que la labor del dramaturgo es mostrar la realidad sin vendas en los ojos, aunque el proceso de producción resulta doloroso.

-En su opinión, ¿vivimos en un mundo lleno de personajes dramáticos?-

"Todos vivimos en un escenario en diferentes facetas, dependiendo del momento por el que estemos atravesando portamos una máscara, todos cambiamos de máscara varias veces al día, según donde estemos, y a veces también cuando estamos solos tenemos nuestra propia máscara cuando no queremos reconocer ciertas cosas. Yo creo que el mundo es un escenario y por eso el teatro es un reflejo de la realidad. El teatro es un aparador donde nos exponemos para reírnos, para reconocernos, analizarnos y encontrarnos. En un espejo nos encontramos, nos dice la cruda realidad quitándonos la venda de los ojos, y yo creo que es función el teatro y la dramaturgia estar siempre recordándole al ser humano lo que es, lo que vive, los porqués, que son a veces muy importantes".

-Sin embargo, se estigmatiza el empleo de las máscaras-

"Pero es algo natural. Solamente en el melodrama malo existen los personajes buenos y los personajes malos, pero en realidad todos somos buenos y todos somos malos, y dependiendo de nuestra experiencia en el viaje de la vida vamos reaccionando a las cosas, vamos valorando diferentes puntos, todo depende en el punto de madurez en el que nos encontremos".

-¿Resulta doloroso escribir una obra de teatro?-

"Cómo no, en mi caso y en el de la mayoría de los dramaturgos es doloroso porque ahí te plasmas, y tienes que revivir ciertas circunstancias para poder llevarlas al papel. Pero sin embargo, cuando el dramaturgo ya las plasmó, respira, y es cuando viene el shock para los espectadores, es cuando se enfrentan ahora con la escena. Por ejemplo, algunas personas que me conocen me han dicho directamente que no pueden creer que como soy, como sociabilizo y me comporto, sea capaz de escribir obras como `La Gente de la Lluvia' o `Los No Parientes', que es un thriller negro que le dediqué al maestro querido y admirado Hugo Arguelles, de alguna manera utilizo la composicion dramatica que él utilizaba, esas telarañas dramáticas. Me preguntan que cómo es posible que pueda escribir estas cosas, pero lo que sucede es que traemos cosas en el alma. Creo que si finalmente todos tuviéramos la oportunidad de expresarnos de alguna manera sorprenderíamos a todos y a cada uno de nosotros".
-¿Debemos permitirnos expresarnos?-

"Hay que permitirse un poco, hay que arriesgarse y exponerse. Yo no estoy de acuerdo en que todas las obras sean parte exclusiva de la vida del dramaturgo, no, aunque siempre habrá algo de él porque es innevitable. Creo que la calidad de la dramaturgia es que el autor no hable por sus personajes, sino dejar que ellos lo hagan".

-¿Y sí hablan los personajes? ¿Cómo se escuchan?-

"Sí hablan. Es increíble pero cuando uno está escribiendo tiene a ciertas personas en la cabeza, a veces a ciertos actores, a veces a ninguno o a muchos. El dramaturgo es un cazador de historias y personas".

-Se habla mucho de la dramaturgia regional en México, ¿realmente existe esta sectorización?-

"Sí existe, pero no quiere decir que no debamos de traspasar las fronteras que existen entre nosotros, no, sino debemos de recibir los del norte el teatro del centro y del sur, pero definitivamente cada zona tiene su identidad. Por ejemplo, vemos que el teatro de Tijuana está identificado con el problema fronterizo, y por eso hay algunos dramaturgos que han etiquetado como teatro del norte exclusivamente al teatro que trata del problema fronterizo. Pero no es así, yo vivo en Monterrey, que no es una ciudad frontera pero sí norteña, y además muy norteamericana, pero mi teatro no deja ser norteño porque no hable del muro, porque no hable de los indocumentados, finalmente habla de la gente y eso es lo importante. Creo que tenemos que convivir entre todos para poder construir un teatro nacional. El teatro del centro, del DF que es muy vasto y con muchos creadores, tiene aspectos de teatro apersonal, casi sin figura, mucho más globalizado, pero es la vivencia de ellos, lo que no significa que nuestras familias no merezcan un teatro propio".

Hernán Galindo

Dramaturgo y director teatral, con una trayectoria de 25 años como director. Ha dirigido zarzuela, ópera, musicales y autores universales. Ha obtenido en tres ocasiones el Premio Nacional de Dramaturgia UANL con "La Gente de la Lluvia", "Las Bestias Escondidas" y "Ansia de Duraznos". Por sus obras "Círculos en el Jardín" y "Los Niños de Sal" obtuvo el Premio Nacional de Teatro INBA/Gobierno de Baja California.Tiene más de 50 obras elaboradas. Actualmente dirige "Palenque Rojo", en San Cristóbal de las Casas, además de la obra "El retrato de Dorian Gray", en Monterrey. Es director de Artes Escénicas en la UVM en Nuevo León, y escribe una obra de teatro infantil. Algunas de sus obras han sido representadas en diversos foros del país, en Nueva York, San Diego y Roma.