Rangún.- La junta militar birmana decretó un toque de queda que entrará en vigor este miércoles en las dos principales ciudades del país, además de desplegar centenares de soldados y policías antidisturbios para acallar las masivas protestas en las calles.
Las ciudades de Rangún y Mandalay fueron declaradas área militar "restringida", donde no se podrá circular entre las 21H00 y las 05H00 (14H30 GMT - 22H30 GMT) a partir de este miércoles.

El anuncio fue hecho en la noche del martes mediante altavoces por funcionarios a bordo de camiones, tras una jornada en la que más de 100.000 personas desafiaron una vez más al régimen militar que domina el país desde hace 45 años.

Unos 30.000 monjes budistas, que tomaron el liderazgo de las protestas populares hace ocho días, lograron que más de 70.000 ciudadanos los acompañaran de forma pacífica a las calles, para protestar por la carestía de la vida y en reclamo de libertades públicas.

Tras la protesta, que llegó ante las puertas del ayuntamiento de la ciudad y de una pagoda budista, las autoridades respondieron primero con el despliegue de al menos 200 soldados y policías antidisturbios.

Luego llegó la orden de toque de queda, que se aplicará durante 60 días. "Esta orden fue tomada a causa de las protestas. íNo organicen grupos de más de cinco personas!", advirtieron los altavoces.

Desde hace años, en Birmania no se permiten concentraciones de más de cinco personas, pero la ley ha sido ignorada por los manifestantes en las últimas cinco semanas.

Los bonzos budistas, ataviados con hábitos de color rojo o azafrán, inundaron las calles en torno a la sede del ayuntamiento y la pagoda de Sule, en el centro de la ciudad, cantando y enarbolando banderas religiosas e imágenes de Buda.

Miles de personas formaron una gigantesca cadena humana uniendo sus manos en torno a los religiosos. Mucha gente se agolpó en las aceras para contemplar la escena, para aplaudir o lanzar gritos de aliento, y para ofrecer agua a los manifestantes bajo un fuerte sol tropical.

"La reconciliación nacional es muy importante para nosotros. (...) Los bonzos están apoyados por la gente", dijo a la muchedumbre Aung Way, un famoso poeta birmano.

Algunos de los monjes llevaban pancartas en las que pedían "suficiente comida, vestidos y vivienda, reconciliación nacional, libertad para todos los presos políticos".

Birmania es uno de los países más pobres del mundo.

Grandes cantidades de jóvenes participaron en la manifestación con banderas rojas con pavos reales amarillos, el símbolo de la Liga Nacional para la Democracia, el partido liderado por la opositora y premio Nobel de la Paz, Aung San Suu Kyi, en arresto domiciliario.

"íLiberen a Aung Suu Kyi y a los prisioneros políticos!", cantaban los jóvenes.

La prensa estatal señaló que hubo manifestaciones en 7 de las 14 provincias del país y acusó a los medios occidentales de instigar la protesta popular, la mayor desde el movimiento prodemocrático sangrientamente reprimido por los generales en 1988.

Los monjes, que son muy respetados en Birmania, se sumaron hace una semana al descontento popular, que estalló por primera vez hace más de un mes ante el aumento del precio del combustible y del transporte público.

Según los analistas los militares no actúan porque la violencia contra los bonzos en un país eminentemente budista conllevaría un mayor descontento popular.

El presidente estadounidense, George W. Bush, anunció nuevas sanciones económicas contra los líderes de la junta militar en su discurso ante la asamblea general de la ONU.

"La junta gobernante se mantiene inflexible, pero el deseo de libertad del pueblo es inequívoco", declaró Bush.

El secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, pidió al abrir la asamblea general anual "moderación" a la junta militar.

China, uno de los aliados del régimen birmano, pidió estabilidad, al tiempo que subrayó que se atendrá a su política de no-interferencia.