Bangkok, Tailandia.- Aplastadas la protestas y encarcelada la mayoría de religiosos y políticos que las lideraron, las fuerzas de seguridad prosiguen hoy con las detenciones de aquellos birmanos que respaldaron la movilización popular contra la Junta Militar.
La campaña que persigue acabar con toda oposición al régimen, pasa ahora por detener a gente corriente que fue vista o filmada por los agentes del temido servicio de inteligencia, que dirige el jefe de la Junta Militar, general Than Shwe, desde las purgas de finales de 2004.

Aquella lucha interna por el poder que venció el sector más duro de la Junta Militar, desencadenó el cese y la detención del entonces primer ministro, el general Khin Nyunt, condenado posteriormente a 44 años de presidio.

También son blanco de esta intensa campaña que las fuerzas de seguridad acometen de noche y día, los estudiantes, empleados y los periodistas que colaboraron con los medios extranjeros en la filtración de información e imágenes sobre la brutal represión, según dijeron residentes en Rangún.

Además de la detención de unos 150 miembros de la Liga Nacional por la Democracia (LND), la formación que encabezada por la Nobel de la Paz Aung San Suu Kyi, los cuerpos de seguridad persiguen desmantelar el movimiento "Generación de Estudiantes 88", que organizó las protestas callejeras del pasado agosto contra la subida de los carburantes.

"Generación 88", integrado por muchos de aquellos universitarios que participaron en la revuelta de 1988, ha desempeñado durante los últimos años el papel de oposición y propiciado una serie de campañas de desobediencia civil para desafiar abiertamente a la Junta Militar.

"El régimen militar sabe que fueron los activistas de Generación 88 quienes traspasaron el liderazgo de las protestas a los monjes", indicó a Efe Naing Oo, disidente birmano exiliado en Tailandia.

La mayor parte de los monasterios de Rangún continúan vacíos, en las calles aún sigue siendo notable la presencia de militares y, entre la población, cunde el miedo a las represalias y a las incesantes redadas de los agentes que enseñan a los vecinos las fotografías de la gente a la que buscan.

Muchos de los monjes veteranos y novicios que han sido puestos en libertad después de permanecer detenidos varios días buscan formas para abandonar Rangún, mientras las fuerzas de seguridad mantienen un férreo control en torno a los mayores monasterios.

"Detrás de esa fachada de normalidad en las calles, hay mucho miedo y miles de personas que no se atreven a salir por temor a ser detenidas", dijo Htum, al servicio birmano de radio RFA.

En algunos monasterios, como el de Magwe, en Pakokku, localidad en la que arrancaron las primeras marchas pacíficas de monjes, los religiosos se turnan cada noche para estar atentos a nuevas y eventuales asaltos por parte de los soldados.

Las autoridades militares se estima que han detenido a unas 6.000 personas, más de un millar de ellas monjes, desde el pasado 26 de septiembre, cuando empezó la represión de las manifestaciones tras prohibir las reuniones públicas e imponer el toque de queda en Rangún y Mandalay, las dos mayores urbes del país.

Al menos 16 personas murieron, entre ellas un reportero gráfico japonés a causa del disparo de un soldado, aunque el Gobierno sólo admite diez muertes y la disidencia eleva el número a unos 200.

El Ministerio de Información, bajo el mando del general de brigada Kyaw Hsan, dirige la campaña contra los periodistas que han colaborado con los medios extranjeros, cuya entrada en el país ha sido prohibida.

Las manifestaciones en Birmania comenzaron el 19 de agosto en protesta por la subida de los precios de los carburantes y se convirtieron en un desafió a la Junta Militar tras el maltrato de varios monjes budistas a manos de los cuerpos de seguridad.