"Espero que esta locura sobre Onetti lleve a la lectura de Onetti", afirmó Gillio, autora del libro "Estás acá para creerme", que reúne algunas de las extensas entrevistas que esta escritora, abogada y periodista le hizo al autor de "El pozo" a lo largo de tres décadas.
Montevideo, Uruguay.- Juan Carlos Onetti volvió a ser hoy protagonista de la vida cultural de Montevideo con la inauguración del ciclo de conferencias "Onetti, la ciudad y los libros", que hasta fin de año pondrá de relieve la huella de un escritor que imprimió un nuevo sello a la literatura latinoamericana.

En el mismo evento se presentó la colección de fotografías donada por la sobrina de Onetti, Isabel Gil, a la Biblioteca Nacional de Uruguay, que acogió la apertura del ciclo literario este miércoles.

La ministra de Educación y Cultura, María Simón, fue la encargada, junto a los escritores María Esther Gillio y Carlos Domínguez, de dar el pistoletazo al abanico de doce conferencias organizado por ese departamento y la Intendencia Municipal de Montevideo, entre otras instituciones, como parte de las celebraciones del centenario del nacimiento del escritor.

"Espero que esta locura sobre Onetti lleve a la lectura de Onetti", afirmó Gillio, autora del libro "Estás acá para creerme", que reúne algunas de las extensas entrevistas que esta escritora, abogada y periodista le hizo al autor de "El pozo" a lo largo de tres décadas.

La presentación y primera conferencia, convertida en diálogo de los dos expertos con el público presente, tuvo lugar en la sala Varela de la Biblioteca Nacional, que acoge precisamente el archivo Onetti formado por manuscritos y otros documentos del escritor, que el pasado 1 de julio habría cumplido cien años.

A ese archivo se añade ahora la colección fotográfica donada por la sobrina de Onetti, unas 70 tomas que recogen algunos de los momentos más personales del escritor, como destacó la ministra.

Las imágenes muestran a Onetti en diferentes etapas de su vida, desde su adolescencia a sus años en España, que le acogió en su huida de la dictadura uruguaya en 1975 y donde murió en 1994.

"Es un archivo que comenzó siendo familiar y que trascendió esa familia", indicó Simón.

Junto a Onetti aparecen figuras de la vida política y cultural española y latinoamericana, como los reyes de España, Juan Carlos y Sofía, el ex presidente uruguayo Julio María Sanguinetti o el escritor argentino Jorge Luis Borges.

Un buen número de las fotografías muestra a Onetti en su domicilio de la madrileña Avenida de América, tumbado en la cama fumando y leyendo, por ejemplo a Joseph Conrad, mientras en alguna otra pieza escruta a la cámara con esa mirada escéptica e irónica que también plasmó en libros como "La vida breve" o "El astillero".

La suya "era una prosa perfecta y desafiante para el lector, implicándole", añadió la titular de Educación y Cultura.

Gillio destacó, por su parte, la capacidad de fascinación que despierta la obra de Onetti.

"Para mí fue la seducción total", explicó esta periodista que conoció al gran escritor con apenas 17 años y con quien tuvo un amor platónico que se transformó posteriormente en una duradera amistad.

El Año Onetti, inaugurado en mayo en esta misma Biblioteca con la presentación de un cuento manuscrito inédito, es una oportunidad para "volver a descubrir" al escritor, dijo Domínguez.

También, añadió, para "interpretar" al artífice de la ciudad imaginaria de Santa María, que aparece a lo largo de buena parte de su obra y que es comparable en trascendencia al Macondo de Gabriel García Márquez o al condado de Yoknapatawpha de William Faulkner, el gran maestro de Onetti.

"Es en ese lenguaje donde se encuentra la magia de Onetti", dijo este escritor argentino, autor de la biografía "Construcción de la noche. La vida de Onetti", reeditada en el marco de los homenajes del centenario.

Onetti tenía la capacidad para "fugarse (de la realidad) por los túneles de la literatura" cuando vivió momentos duros en su existencia, por ejemplo, ante "su desesperación de ver en el peronismo un elemento fascista", durante una de sus etapas argentinas, aseguró Domínguez.

Y al final, Onetti siempre puso la literatura en primer lugar, aseveró Gillio: "Dejar de escribir quitaba la justificación a todo. No podía imaginarse muerto, porque no podía imaginarse sin escribir".