El ministro argentino de Economía, Axel Kicillof durante una rueda de prensa en el Ministerio de Economía en Buenos Aires. Foto EFE/David Fernández
"Argentina es el país número uno con dinero en efectivo en dólares per cápita. Acá la gente ahorra en dólares billete", señala a dpa Alejandro Rebossio
Buenos Aires, Argentina.- Los argentinos sienten una profunda pasión por el dólar. Factores psicológicos y culturales que exceden lo económico explican las largas filas que se formaron esta semana frente a los bancos, pese al calor estival, para comprar dólares después de que el gobierno flexibilizara el estricto control que mantenía sobre el mercado de cambios.

"Argentina es el país número uno con dinero en efectivo en dólares per cápita. Acá la gente ahorra en dólares billete", señala a dpa Alejandro Rebossio, autor junto a Alejandro Bercovich del libro "Estoy verde".

Pese a que el nuevo sistema oficial aplica un recargo del 20 por ciento a quienes compran dólares y se llevan el dinero en efectivo en vez de depositarlo en una cuenta bancaria, la mayoría prefiere guardarse los verdes en el bolsillo.

"Comparado con otros países de América Latina y el mundo, quitando las naciones dolarizadas, el de Argentina es un caso particular porque tiene su propia moneda pero hay dos factores dolarizados: el ahorro de la clase media, sin mayor sofisticación financiera, y el mercado inmobiliario para la clase media y alta", afirma el periodista.

La cotización del dólar, en especial en épocas de crisis, es noticia prioritaria en los medios de comunicación y motivo de preocupación y conversación no sólo de empresarios sino de la gente común. Y no son pocos los niños que, una vez que aprenden a sacar cuentas, prefieren ahorrar en dólares si tienen la opción.       

Aunque la clase media no mueve el amperímetro del mercado de cambios, porque son otros los jugadores fuertes, ¿cuál es el origen de esta conducta, que tiempo atrás el periodista Alfredo Zaiat definió como un "trastorno obsesivo compulsivo"?

Según el economista Martín Tetaz, especializado en la interrelación de la economía y la psicología, la principal causa fueron las reiteradas crisis, devaluaciones y épocas de inflación que afectaron a la Argentina desde hace varias décadas atrás.

"La economía argentina ha sido muy volátil en los últimos 60 años, con un punto de giro (crisis) cada 5 años en promedio, lo que ha generado una enorme incertidumbre haciendo que cada vez que aparecen señales de una nueva crisis, los ciudadanos se pongan extremadamente ansiosos y busquen algún tipo de seguro, o resguardo y esa función históricamente la cumplió el dólar", precisó a la agencia dpa.

"Adicionalmente, en la memoria episódica de los argentinos, que es el almacén donde guardamos nuestros recuerdos autobiográficos, las crisis y la suba del dólar están ligados en recuerdos emocionales, porque cada vez que hubo una crisis subió el dólar y porque las crisis argentinas son de una profundidad tal que es habitual que se pierdan negocios y amplios porcentajes de la población queden desocupados. Entonces como todo eso sucede en un contexto de suba del dólar, es difícil para la gente disociar ambas cosas, y como el perro de Pavlov, enciende sus alarmas emocionales cuando el dólar se dispara", remarcó.

Tetaz hizo hincapié en que "existe un sesgo de confirmación de hipótesis que hace que la gente que asocia dólar alto a crisis, se convenza cada vez más con cada oportunidad en que la divisa sube y sobreviene una crisis, restándole atención a los casos en que sucede lo contrario o la relación no se cumple, como ocurrió entre marzo y junio de 2002, o a fines de 2009".

Los procesos inflacionarios dificultaron además poner un valor en moneda argentina a los bienes.

El punto de inflexión fue el denominado "Rodrigazo", por el entonces ministro de Economía Celestino Rodríguez, que en junio de 1975 aplicó una devaluación del 160 por ciento, acompañado por un fuerte ajuste de tarifas y precios, con el fin de corregir la economía. Los salarios no fueron ajustados sin embargo al mismo ritmo y tuvieron una gran pérdida de poder adquisitivo frente a la inflación, mientras que las deudas, entonces en su gran mayoría en pesos, registraron una enorme licuación (pérdida de valor).

Entre 1975 y 1990, con la única excepción de 1985, siempre hubo una inflación anual de más del 100 por ciento, señaló Rebossio, lo que llevó a hallar en el dólar una moneda que permitiera un precio de referencia estable de los bienes, en especial los inmuebles.

Según Tetaz, "la compra de dólares es vista como una poderosa vacuna que aporta tranquilidad y disminuye drásticamente la incertidumbre".

Lo cierto es que quien apostó en los últimos años por el dólar salió ganando. "En noviembre de 2011 cuando se instauró el "cepo" a la compra de dólares, la moneda norteamericana cotizaba a 4,25 y hoy el dólar oficial está en 8, de modo que quien compró en 2011 le ganó a la inflación (del 25 por ciento anual) con creces, y es difícil encontrar otra inversión que rinda tanto", destacó el economista.

"Como quiera que sea, la realidad es que la mayoría de los argentinos que compran dólares no lo hace para obtener una ganancia sino para evitar una pérdida", concluyó Tetaz.

Por Cecilia Caminos/DPA