Bruselas.- Desde hoy, la Comisión Europea presidida por segunda vez por el conservador portugués José Manuel Durao Barroso ya tiene sus 27 nuevos comisarios, con sus respectivas carteras, unas poderosas, otras casi "decorativas".

Su elección no proviene, sin embargo, de las urnas democráticas de Europa, como sucede -desde 1979- en las elecciones al Parlamento Europeo, reflejo de la voluntad de los pueblos del Viejo Continente.
Bruselas.- Desde hoy, la Comisión Europea presidida por segunda vez por el conservador portugués José Manuel Durao Barroso ya tiene sus 27 nuevos comisarios, con sus respectivas carteras, unas poderosas, otras casi "decorativas".

Su elección no proviene, sin embargo, de las urnas democráticas de Europa, como sucede -desde 1979- en las elecciones al Parlamento Europeo, reflejo de la voluntad de los pueblos del Viejo Continente.

La designación de tal o cual comisario (el equivalente de los "ministros" nacionales) es fruto de numerosos pactos secretos, de ocultos juegos de pasillo y de cábalas gestadas entre bastidores por los jefes de Estado o gobierno europeos en contacto entre ellos y con Bruselas.

La pregunta más frecuente en la sede de la Comisión de Bruselas es, por ello, ""y tú qué me das si...?". Se trata, en definitiva, de un trueque político entre las diferentes capitales europeas, que intentan obtener la mejor cartera, la más influyente.

Por ejemplo, es un secreto a voces que el primer ministro laborista británico, Gordon Brown, renunció -a cambio de algo- a seguir presionando a sus colegas europeos para que su colega de filas, el ex "premier" bitánico Tony Blair, accediera al puesto de "primer presidente estable de la UE", ahora en manos del ex primer ministro belga Herman Van Rompuy.

Ese "algo" fue el nombramiento de la ex comisaria de Comercio de la UE, la laborista Catherine Ashton, para el puesto de nueva "alta representante Exterior de la UE", una función renovada y con mayores competencias de las que tenía hasta ahora Javier Solana.

El nombramiento de Ashton, en sustitución de su colega laborista Peter Mandelson, que se reincorporó a la política británica hace casi un año, fue otro trueque, un favor de Brown a Ashton, en devolución de otras prebendas políticas de la baronesa, según apunta la prensa del Reino Unido en numerosos análisis.

El otro caso reciente de "intercambios políticos" se refiere a la decepción de Italia por no haber recibido el puesto de Ashton. El ex ministro de Asuntos Exteriores italiano Massimo DAlema aspiraba a ese cargo, pero se vio forzado a dejarlo en manos de la británica, entre otros motivos por las reticencias de los socios europeos del este, que reprochaban al italiano su pasado comunista.

A cambio, según apuntan hoy varias fuentes diplomáticas, Barroso habría "compensado" a Italia concediendo a Antonio Tajani una de las carteras más influyentes de Bruselas: la de Industria, que ambicionaba en un principio Alemania.

Alemania, la principal economía de la Unión Europea (UE), tenía a su vez que ser "recompensada" por ser el principal contribuyente neto a las arcas comunitarias. Como se suele decir entre bastidores de Bruselas, el "deal" (el acuerdo o pacto, en inglés), era que la canciller germana, Angela Merkel, obtendría para su país una de las carteras que en los últimos tiempos ha cobrado mayor fuerza: Energía.

España, por su parte, también tenía que recibir algúna "compensación" pre-navideña.

Dado que el presidente del gobierno español, José Luis Rodríguez Zapatero, renunció a presionar para que el ministro de Exteriores, Miguel Angel Moratinos, pudiera optar al cargo de "Alto Representante Exterior", Barroso subió de categoría a Almunia, al concederle la cartera con más poder de Bruselas: Competencia, en manos hasta hoy de la holandesa Neelie Kroes, que pasa a Telecomunicaciones.

Aparte de las carteras de Competencia, Agricultura, Comercio, Asuntos Económicos, Industria y Energía, por este orden las que más poder acumulan en Bruselas, el resto de temáticas como Educación, Multilinguismo, Sanidad o Protección a los Consumidores, tienen competencias muy limitadas.

Se trata de carteras hechas prácticamente "a medida" para satisfacer las exigencias de todos los socios de la UE y dar a cada uno de ellos una cuota específica de poder.