El Universal
En su libro "Transición", que saldrá a la luz pública el sábado, muestra una realidad de México en sus últimos 20 años, en voces de actores disímbolos
En la difícil transición mexicana del régimen autoritario -que dominó al país durante siete décadas- a uno de democracia representativa, han ocurrido frustraciones que causan desencanto social, mientras se suceden luchas de poder, encono, polarización, odios que no se disipan y, sin embargo, lo que sigue puede ser peor: hay una degradación de los mecanismos de la transferencia del poder presidencial en México, acusa la periodista Carmen Aristegui.

En libro de entrevistas denominado "Transición", que sale a la luz pública el sábado, la periodista obtuvo las declaraciones del ex presidente Miguel de la Madrid en las que denuncia a su sucesor de narcotráfico, corrupción y complicidades; charló con más de una veintena de personajes de la política, de la academia y muestra un análisis del acontecer nacional  de las últimas dos décadas.
Del ejercicio de mirar desde esas perspectivas disímbolas, Aristegui da cuenta:

"El panorama para México es inquietante; no es nada de lo que imaginamos que ocurriría, cuando en las urnas se decidió el cambio pacífico.

"¿En qué va a parar todo esto, qué sigue, de qué debemos de estar en alerta?", se pregunta ella al abrir una conversación con este diario. Y dice:

"El problema esencial por venir va a ser la reinstalación  del PRI en el poder presidencial, de la forma en que lo está haciendo ya. Televisa escogió como candidato a Enrique Peña Nieto (gobernador del estado de México) y va a negociar con el PRI el membrete para tenerlo de presidente. Eso es peor que el dedazo, el método de trasferencia de poder que se daba en el régimen autoritario, pero con un código diseñado de 70 años".

Casi afónica, Aristegui, una mujer delgada, de mediana estatura, fuerte en la expresión, es un torrente de palabras.

"Es impresionante ver cómo se construye una candidatura desde la televisión, la de Peña Nieto, que aparece como el más popular, lo inevitable, aun cuando todavía no hay campañas. Poderes particulares han invertido demasiado para ponerse por encima del poder político".

Está sentada al filo del sillón en la oficina de su editor, Random House Mondatori.
¿El libro puede generar un debate sobre los problemas actuales?

El texto aspira a dar al lector un estímulo para pensar las cosas, con el conocimiento de los asuntos de este largo trayecto, de 1988 a 2009.

¿Satisfecha de documentar episodios de la historia?

Me quedo muy satisfecha y quisiera pensar que el libro ("Transición") abonará a la necesaria revisión que debemos hacer.

"Lo único que no se vale es la indiferencia, la pasividad. Hay que llamar a la ciudadanía a tomar sus espacios en la construcción del país".

Cada entrevista va con retratos que tomó el fotógrafo Ricardo Trabulsi, quien dice:

"A través de la cámara vi personajes de novela de Balzac, marcados por el ejercicio político; lo denotan en sus rostros. En la mayoría de los retratos hay puños cerrados, diciendo: `Estoy peleando, desde donde estoy', como Manuel Bartlett".

Los entrevistados hablan historias desde 1988, pero 2009 da una carga muy fuerte al libro.
Aristegui responde:

Ese es el espíritu mayor del libro, plantear qué pasa, visto por quienes han tenido que ver para que nos esté pasando esto, para bien y para mal.

Lo que dijo De la Madrid causó revuelo, pero no tuvo consecuencias. Fue una expresión del no pasa nada.

Lo que ocurrió tras su difusión por MVS, muestra las enormes dificultades del país para vivir
en democracia.

Se echó a andar una operación de silenciamiento de un ex presidente, por otro ex presidente, y lo mataron metafóricamente.

¿Y no pasó nada?

Las declaraciones graves no merecieron una investigación ministerial. El no pasa nada retrata un panorama que no es para alegrar a nadie.

¿"Transición" es un gran mural, con 26 retratos del viejo sistema y de reglas que van surgiendo?
Es un mosaico de voces, muy diverso, plural y contrastante de personas que han tenido que ver con la historia del país.

¿Qué vio Aristegui en las charlas?

Seres humanos con sus luces y sombras; gente dispuesta a hablar de sus experiencias y a contar detalles no conocidos.