Lisboa, Portugal.- La Unión Europea (UE) cierra este viernes en Lisboa una cumbre que será recordada por la adopción de un tratado que acaba con dos años de crisis institucional y permite agilizar la toma de decisiones tras la ampliación a veintisiete miembros.
Lisboa dará nombre al nuevo tratado que será firmado el 13 de diciembre en la capital portuguesa, cuyo nombre quedará para siempre asociado a la construcción europea, como antes le ocurrió a Niza, Maastricht o Roma.

"Es una victoria de Europa", exclamó exultante el primer ministro portugués, José Sócrates' al anunciar el consenso en torno a un texto que certifica la defunción del ambicioso proyecto de Constitución europea. Tras la firma del Tratado de Lisboa, los 27 tendrán un año para ratificarlo, un asunto que despierta las peores pesadillas sobre todo cuando se invoca el término "referéndum", tras lo ocurrido en 2005 en Francia y Holanda.

El "no" de un sólo miembro significaría el final del texto, razón por la que los juristas se han esmerado en prepararlo de modo que pueda sortear la ciudadanía y ser aprobado por los parlamentos.

Aunque sólo Irlanda está obligada por su Constitución a convocar un plebiscito, la opinión pública de países como Gran Bretaña, Francia, Alemania Italia o España quieren que el texto sea sometido a voto popular, según revela una encuesta del Financial Times.

Un 70% de los encuestados en esos países se dijo partidario de votar el nuevo tratado, un 20% consideró que no era necesario y el 10% restante no contestó.

Los dirigentes eslovenos, que asumirán el 1 de enero la presidencia de la UE, han previsto no dar margen de maniobra a los potenciales defensores del "no".

"Vamos a vivir con la sombra de la ratificación sobre nuestras cabezas", explicaba recientemente un alto dirigente de ese país.

"Tenemos que tratar de no agitar ciertos temas delicados para algunos países", como el presupuesto del bloque, en el caso de Gran Bretaña, o la política agrícola en el de Francia.

Para el eurodiputado británico Andrew Duff, es esencial ponerse de acuerdo en un calendario inteligente.

"Francia, Holanda y Gran Bretaña deberían ratificar primero y rápidamente" por la vía parlamentaria, sugirió.

"Luego los demás, e Irlanda en el último lugar", agregó. De este modo se crearía una dinámica positiva que los electores irlandeses no se atreverían a contrariar, aventuró.

El texto de 256 páginas incluye muchas de las innovaciones del proyecto de Constitución rechazado por franceses y holandeses en 2005, combinadas con importantes concesiones a países euroescépticos como Gran Bretaña y Polonia.

Para alcanzar el consenso la presidencia portuguesa tuvo que hacer nuevas concesiones a Polonia e Italia.

"Polonia obtuvo todo lo que quería", se vanaglorió el presidente polaco Lech Kaczynski, que salió reforzado de la cita europea a sólo dos días de la celebración de unas difíciles elecciones legislativas en su país.

Los otros líderes expresaron su satisfacción por haber dejado atrás las farragosas cuestiones legales y poder concentrarse a partir de ahora en temas políticos, como la globalización o el cambio climático.

"Europa sale deesta cumbre más fuerte, más fuerte para hacer frente a los desafíos globales, más fuerte para asumir su papel en el mundo. Con este acuerdo y este tratado, Europa muestra que el proyecto europeo se mueve y que ahora está preparada para mirar con confianza a su futuro", dijo Sócrates.

El primer ministro británico Gordon Brown estimó que "llegó el momento de que Europa avance", mientras la canciller alemana Angela Merkel pronosticaba que a partir de ahora "Europa va a funcionar mejor".