Lourdes de Koster
Saltillo.- Panchis, como es conocida Francisca Espinosa González, dijo que hace algunas semanas se le enfermó su hija Carmen, de cuatro años. Se vio obligada a dejar solo su tejabán durante una semana, pues decidió quedarse con un familiar para aprovechar que pasan las rutas del transporte público que la llevan al Seguro Social. Cuando regresó se dio cuenta de que le habían robado el tanque para el gas y su estufa.
Ayer improvisó una cocina, donde preparar una sopa y calentar los frijoles para darles a sus cuatro hijas, todas menores de edad.

Acomodó sobre las brasas la base de un mueble metálico, de los que se usan para planchar, y la usó como parrilla. Con la poca agua que le quedaba en una olla llena de tizne, puso a calentar unas papas cambray para dar de comer.

Panchis tiene 35 años y dice que vive en un solo cuarto hecho de madera y cartón, en la colonia Heberto Castillo, porque simplemente no tiene otra opción. La falta de recursos económicos y el dar prioridad al cuidado de las niñas la alejaron de la posibilidad de tener una casa, al menos, dijo, de interés social.

"No, no, ni pensar en eso. Muy apenas nos queda para comer y empezar a pagar este terreno. Me conformo con que mis hijas terminen de estudiar la secundaria. Con esfuerzos ahí la llevamos".

Comparten una cama matrimonial María del Carmen, de cuatro; Ricarda, de siete; Ana Paola, de 11, y María Isabel de 14 años. La mayor de las niñas estudia segundo de secundaria y dice que le gustaría seguir en la escuela, pero si sus padres ya no pueden darle para entrar a la preparatoria, está dispuesta a dejar todo y empezar a ayudar con los gastos en casa.

El esposo de Panchis trabaja en un taxi. Se lo presta un familiar y con lo que le queda de ganancia mantiene a su familia. "A veces le queda muy poco y ahí como quiera Dios no nos deja solos", dijo Panchis, que apenada dice en tono de broma que al entrar a su casa cerremos los ojos, para no ver que tiene las dos camas -que son su patrimonio, junto a una mesa, una pequeña televisión y un ropero- sin acomodar.

Ella aseguró que en este sector, la colonia Heberto Castillo, hay mucha necesidad y que la gente a veces no tiene ni qué comer porque no hay trabajo y las mujeres prefieren cuidar a los hijos, antes de dejarlos solitos y salir en busca de empleo.

No hay servicios públicos y el agua potable que les llega, la obtienen por medio de pipas que, según Panchis, les lleva el Gobierno a través de la CEAS o Aguas de Saltillo.