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México.- Puntualiza Norberto Rivera Carrera que lo que se condena es un reparto tan injusto de las riquezas naturales y artificiales que engendran países súper desarrollados y paupérrimos
El cardenal Norberto Rivera Carrera lanzó un llamado para combatir la inseguridad social a través de una justa distribución de la riqueza en el país.

Al pronunciar su homilía dominical en la Catedral Metropolitana de la ciudad de México, puntualizó que lo que se condena es un reparto tan injusto de las riquezas naturales y artificiales que engendran países súper desarrollados y paupérrimos.

Lo anterior, dijo, con el agravante de que los primeros quieren eliminar la población de los segundos, en lugar de ayudar a producir y distribuir los bienes necesarios para una vida digna.

El cardenal señaló que lo que se quiere manifestar con esta denuncia es que la injusticia social no puede reducirse por ningún motivo a un diagnóstico social, ni tampoco a recomendaciones morales.

Dicha denuncia la producen mecanismos que provocan un abismo entre ricos y pobres, por lo que la palabra de Dios pone al descubierto que las situaciones de desigualdad se dan como fruto del pecado y como resultado de injusticias y opresiones.

El arzobispo primado de México abundó que para combatir la injusticia y la pobreza, para que no exista ese 10 por ciento de la población que acapara 90 por ciento de las riquezas en el mundo, es necesario proclamar el amor al prójimo como a uno mismo.

"El amor al prójimo, con la radicalidad con que es presentado en el Evangelio, es de verdad el más formidable principio social capaz de superar una actitud de resignación y de huida a los compromisos temporales" , expuso.

Monseñor Rivera refirió también que en la actualidad y de manera universal el amor al prójimo se mantiene porque es un principio que no está ligado a sistema o realización histórica alguna.

Dijo que así como en algunas circunstancias se puede traducir en una ayuda de beneficiencia, en otras circunstancias obligará a luchar contra la raíz de la pobreza como son la ignorancia, la pereza, la injusticia o el fatalismo.

"En ocasiones la práctica del amor al prójimo será una responsabilidad personal; en otras necesariamente, si queremos que sea eficaz, tendrá que realizarse organizadamente encarnada en una comunidad", concluyó.

Durante la liturgia eucarística se rezó porque se encuentre la justicia que merecen los monjes budistas de Myanmar, así como porque Dios ilumine a los gobernantes para que tomen decisiones a favor de sus pueblos, y se pidió también porque la Iglesia cumpla el mandato de orar para traer la paz al mundo.