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Río Bravo, Tamps.- En la que es parte de la mayor zona de influencia del cártel del Golfo, la narcopolítica cobró ya su cuota de sangre.
Las amenazas contra el ex candidato a alcalde, Juan Antonio Guajardo Anzaldúa, se cumplieron y hoy esa ciudad vive bajo la amenaza y el temor de la violencia desatada por narcos

Hombres y mujeres que hacen fila para ver el féretro del político maldicen la violencia e impunidad impuesta por el narco, mientras comandos de las fuerzas federales realizan intensos patrullajes en convoyes por toda esta ciudad en busca de los criminales del ex político y cinco personas más, entre ellos dos agentes de la Agencia Federal de Investigación (AFI), quienes lo custodiaban desde hace casi 30 días, cuando fue amenazado.

Aunque la búsqueda de los criminales se extendió hacía Matamoros, Ciudad Alemán, Mier y Reynosa, aún no hay resultados. En medio de un tenso ambiente de calma, las corporaciones federales son apoyadas por elementos del Ejército que arribaron a Reynosa y se encuentran acuartelados en la zona militar de esa localidad en espera de órdenes para actuar.

Desde las 9:00 horas de este sábado, la población de Río Bravo se volcó en el casco de la ex hacienda de La Santeña, sitio donde son velados los restos de Guajardo Anzaldúa, y que servían también como oficinas del extinto candidato del Partido del Trabajo (PT) a la alcaldía de esta ciudad, uno de los puntos donde en la pasada campaña electoral hubo denuncias sobre la presencia de la narcopolítica en el estado.

De las amenazas contra Guajardo Anzaldúa todos sabían en Río Bravo, municipio situado en la zona de influencia y de operaciones de uno de los cárteles cuyo brazo armado, Los Zetas, han provocado varios de los episodios de narcoviolencia más graves en el último lustro en México. Entre los asistentes al velorio del político hay quienes incluso reclaman en voz alta: "porque no van por ellos, que están esperando las autoridades".

Y es que de la presencia del comando de hombres vestidos de negro y armados con rifles de alto poder y granadas de mano, el cual se apostó en las oficinas de Guajardo Anzaldúa para amedrentarlo cuatro días antes de las elecciones de hace 15 días, se presentó la denuncia ante las autoridades estatales, dice el coordinador estatal del PT, Agustín Maldonado.

La presión subió después de las elecciones. Guajardo Anzaldúa impugnó el proceso electoral que ganó el priísta Roberto Benet, con una diferencia de 4 mil 500 votos y que el extinto político estaba seguro de ganar.

En el duelo por Juan Antonio, como algunos de sus más cercanos colaboradores llamaban a Guajardo Anzaldúa, la gente no se queda callada: "si ya le habían ganado a la mala, para qué matarlo", reclaman.

Junto a las palabras de protesta y el duelo por Guajardo Anzaldúa, de las investigaciones del caso que atrajó la Procuradoría General de la República (PGR), no hay nada. El hermetismo de las autoridades federales es total. Sólo se ve a los agentes federales moverse por toda esta ciudad, escudriñando, pero sin encontrar nada hasta hoy.

Más fuerzas a Tamaulipas

El secretario de Gobernación, Francisco Ramírez Acuña, adelantó que en las próximas horas llegarán más fuerzas federales a Tamaulipas para ampliar la seguridad de la población, incluyendo efectivos del Ejército mexicano.

Entrevistado en Palacio Nacional, donde asistió a la ceremonia conmemorativa del primer año de gobierno del presidente Felipe Calderón, dijo que en Tamaulipas se requieren acciones más enérgicas para hacer frente al crimen organizado.