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Ibrahim Gambari, enviado especial de Naciones Unidas, llegó ayer a Myanmar, llevando consigo demandas de paz de parte de un mundo que ha observado con alarma la violenta represión de protestas nacionales pacíficas
BANGKOK.- Ibrahim Gambari, enviado especial de Naciones Unidas, llegó ayer a Myanmar, llevando consigo demandas de paz de parte de un mundo que ha observado con alarma la violenta represión de protestas nacionales pacíficas.

"Es nuestra mejor esperanza", dijo el canciller de Singapur, George Yeo, al hablar ante la ONU. "Si él fracasa, la situación puede volverse bastante terrible". Gambari viajó directamente a Naypyidaw, la aislada y protegida capital que la junta militar gobernante creó hace dos años.

"Espero una visita fructífera para poder reportar avances en todos los frentes", dijo Gambari a Channel News Asia antes de partir de Singapur a Myanmar, antigua Birmania.

Mientras tanto, el premier chino, Wen Jiabao, pidió a Myanmar resolver la crisis pacíficamente y "promover la reconciliación nacional". Peticiones similiares fueron formuladas por Israel y Estados Unidos. De hecho, en un comunicado, el portavoz del Consejo de Seguridad Nacional de la Casa Blanca, Gordon Johndroe, externó su preocupación por el hecho de que "Gambari haya sido trasladado rápidamente desde Rangún a la nueva capital en el interior, lejos de los centros urbanos y de la gente de Birmania. Instamos a la junta a permitirle el acceso a todos aquellos con los que él desee reunirse, incluyendo líderes religiosos así como Aung San Suu Kyi", dijo. Aung San Suu Kyi, ex líder de la oposición birmana, ha permanecido detenida durante casi 12 de los últimos 18 años.

En Europa hubo manifestaciones en contra de la represión. En París, hasta 300 personas, según los organizadores, se reunieron frente a la embajada birmana. Una cifra similar salió a las calles en Ginebra, mientras que en Berlín, unas 150 personas se solidarizaron con los monjes budistas, que han estado en la línea de frente de las protestas en Myanmar.

En la principal ciudad de Myanmar, Rangún, se reportó una tensa calma en las calles, tras un mes de manifestaciones y tres días de represión. Cientos de soldados patrullaban las calles y otros tantos estaban atrincherados en puntos estratégicos de la ciudad. Grupos de derechos humanos y exiliados que han monitoreado los sucesos dijeron que se registraron pequeñas protestas y algunos arrestos. La agencia Reuters dijo que hubo disparos de advertencia para dispersar a unos 100 jóvenes. Otros reportes indicaron que las fuerzas de seguridad birmanas detuvieron a unos 40 manifestantes que se agrupaban ante el hotel Trader de Rangún, donde se supone estaba alojado Gambari.

El sitio www.mizzima.com reportó que en una zona de la ciudad, la policía cercó y arrestó a activistas antigubernamenteles, y citó a testigos que dijeron que la gente, aunque en cifras menores a los días previos, marchaba en las calles aplaudiendo y gritando "los deseos del pueblo deben ser cumplidos". Las conexiones de internet fueron parcial e interminentemente restablecidas, pero no era fácil obtener información.

Se desconoce el destino de cientos de detenidos, incluyendo a un grupo de 200 monjes que, según testigos, fueron secuestrados el miércoles por soldados, mientras estaban en su monasterio. Basil Fernando, director de la Comisión asiática de Derechos Humanos, estimó el número de arrestados en mil 200, incluyendo 700 monjes. El país se ha visto económicamente afectado tras las protestas, así como por el incremento en los precios de la gasolina.