Tokio.- Los astronautas del Endeavour, que montaron la primera sección del laboratorio nipón "Kibo" en la Estación Espacial Internacional, cautivaron hoy en Tokio a un emocionado grupo de colegiales al relatar su aventura cósmica "inolvidable".
Jóvenes de entre 13 y 18 años esperaron ansiosos la llegada de los seis astronautas, especialmente la de su compatriota Takai Doi, al que sus compañeros denominaron "la superestrella" o "cowboy" de la misión, durante un encuentro celebrado en la Embajada de EEUU.

Los estadounidenses Dominic Pudwill, Richard Linnehan, Robert Behnken y Michael Foreman, el británico Gregory Johnson y el japonés Takao Doi finalizaron su misión a bordo del transbordador espacial el 26 de marzo, después de 16 días y 250 vueltas alrededor de la Tierra.

Uno de sus cometidos consistió en la instalación de la primera de las tres secciones del laboratorio espacial "Kibo", que significa "esperanza" y que constituye la aportación japonesa a la Estación Espacial.

Este laboratorio logrará recrear una presión y composición de aire similares a las terrestres y permitirá así que los astronautas puedan llevar a cabo experimentos y observaciones astronómicas de larga duración.

Los jóvenes, todos ellos ataviados con el típico uniforme colegial nipón de color azul marino, querían saberlo todo: desde lo que sintieron al despegar hasta lo que más ganas tenían de hacer a su vuelta a la Tierra.

"En el transbordador no tenemos ducha así que lo que más me apetecía hacer al llegar era ir a un onsen (balneario natural japonés)", dijo Doi despertando las risas de la audiencia.

No es de extrañar que no se disponga de duchas en el espacio porque, según Linnehan, el médico de la tripulación, el agua tiende a condensarse en el espacio y la falta de gravedad impide que caiga de manera natural.

"En el cuerpo humano pasa lo mismo, por eso durante los tres primeros días los líquidos corporales tienden a subir y condensarse, lo que hace que el pecho y la cabeza de los astronautas estén muy inflados", explicó.

Los tripulantes del Endevour dijeron que durante los 16 días, en los que les dio tiempo a realizar hasta tres paseos espaciales, estuvieron "muy ocupados".

Pero su tiempo no lo dedicaron únicamente al ensamblaje de "Kibo" pues además hicieron fotos de las vistas, como si de turistas se tratase, y experimentos físicos curiosos sobre el efecto de la falta de la gravedad.

"La misión más importante que realicé fue la del lanzamiento de un boomerang de papel en el espacio. ¿Creéis que volvió? Pues sí, a pesar de la falta de gravedad hizo el recorrido de vuelta", dijo Doi.

Los tripulantes del Endeavour confesaron que hasta los astronautas sienten miedo y que sobre todo los momentos previos al despegue, antes de los cuales pasan varias horas sentados sin moverse de su puesto, son los más críticos.

Además, dijeron ser conscientes de los riesgos de su profesión pero consideraron que merecen la pena, en aras de explorar lo todavía inexplorado y mejorar la calidad de vida de la raza humana.

"Hemos perdido a muchos compañeros, sabemos que es peligroso pero si las metas son suficientemente elevadas merece la pena correr el riesgo", opinó Pudwill.

La tripulación del Endeavour confesó que, además de admirar las vistas panorámicas, también disfrutan de manjares culinarios, que no se parecen en nada a la tradicional comida deshidratada del espacio.

"Tenemos alimentos deshidratados pero también platos de comida real. Por ejemplo en esta misión hemos disfrutado de una maravillosa comida japonesa que nos preparaba Doi", dijeron.

"También había comida rusa, pero si tengo que elegir me quedo con la japonesa", bromeó Johnson, un gran admirador del "yakitori" (pollo a la brasa) y del "inari" sushi (tofu frito) que los astronautas disfrutaron en su misión.

La tripulación dijo confiar en que en un futuro se podrá residir en el espacio y se mostraron convencidos de que existe vida en otros planetas, sólo que todavía no la han descubierto.

También hubo lugar para las recomendaciones: los astronautas animaron a los jóvenes a que estudien si quieren algún día trabajar en el sector espacial y dijeron que, con alumnos como los japoneses, hay "kibo", o esperanza, para el mundo.