Los San Antonio Spurs, fieles a su historia, salvaron su primer "match-ball" en contra y forzaron el séptimo partido ante los New Orleans Hornets al vencer por un contundente 99-80.
El encuentro, jugado en la noche del jueves, se planteaba como una final para los Spurs, pues estaban obligados a ganar si no querían quedar eliminados antes de lo esperado. No sólo mostraron aplomo, sino que practicaron un gran baloncesto para llevar la serie al definitivo partido.

El alero argentino Emanuel Ginóbili volvió a demostrar su valor en partidos trascedentes y logró 25 puntos para los Spurs, incluyendo seis triples. Además, Tim Duncan aportó 25 tantos y 15 rebotes.

Sin embargo, los Spurs están ahora obligados a mejorar su rendimiento fuera de casa. Así, en los partidos jugados en New Orleans durante la serie, el conjunto texano ha caído por una media de 19 puntos de diferencia.

"Sabemos que la supervivencia depende de un solo partido. Creemos que somos un buen equipo e intentaremos darlo todo en New Orleans", afirmó Duncan.

Los Hornets decepcionaron y parecieron cansados por el esfuerzo realizado en estos "play-offs". El base Chris Paul fue su mejor jugador al sumar 21 puntos y ocho asistencias, pero estuvo muy solo en ataque.

David West, una de sus piezas decisivas en los anteriores triunfos ante los Spurs, se quedó en 10 puntos y tuvo que retirarse en el último periodo con problemas en la espalda.

Pero los Hornets parecen ser conscientes de lo bien que juegan en su cancha, apoyados por una de las hinchadas más ruidosas de la NBA. Se espera un ambiente terrorífico para el lunes, la fecha del encuentro.

"Estamos muy excitados porque así es la NBA. Partido séptimo, con todos los aficionados detrás nuestro... Debemos actuar concentrados y ser agresivos. Estamos preparados para darles una alegría", declaró Paul.