Arropada por los jóvenes y competentes Chet Lyster (guitarra eléctrica y teclados), David Sutton (bajo eléctrico y contrabajo), Eric Schemerhorn (guitarra eléctrica) y Butch Norton (batería y percusiones), la artista cuyas canciones han tocado desde Tom Petty hasta Emmylou Harris, pasando por Mary Chapin Carpenter, se paseó además con poderío por su imaginería poética y por estilos como el bluegrass, el folk a lo Bob Dylan (con quien compartió gira) y el blues, dominando en todo momento el tempo del concierto, que no llegó a desbocarse.
Cartagena, España.- En su primera visita a España, tras 30 años de carrera musical, la estadounidense Lucinda Williams, una de las divas mundiales del country-rock con apenas una decena de discos, no defraudó al público que llenó el parque de Artillería de Cartagena (Murcia) con un repertorio selecto de su potente arsenal.

Tras muchos años intentando que viniera, los organizadores del festival internacional La Mar de Músicas lo lograron esta madrugada, pues el concierto empezó a medianoche y se prolongó durante hora y media en el patio del museo militar inaugurado en 1997, donde desgranó sus canciones bajo palmeras datileras y washingtonias, con parte del público montado sobre cañones y tanques en desuso.

Escenario bélico para un concierto que abrió en solitario la banda que la acompaña, que se hace llamar Buick 6, que repartió trallazos rockeros durante media hora, antes de que Williams entrara en escena, cinco temas propios y una excelente versión de "Black Dog", de Led Zeppelin.

Unas guitarras muy limpias, una contundente batería, un sonido impecable y una iluminación escasa de vatios -con apenas medio centenar de focos-, anticipaban una esperada actuación que la ganadora de tres premios Grammy se trabajó de menos a más hasta mudar, como una serpiente, su piel country por la de rockera, como cantante solista primero y tocando luego acústicas y eléctricas.

Arropada por los jóvenes y competentes Chet Lyster (guitarra eléctrica y teclados), David Sutton (bajo eléctrico y contrabajo), Eric Schemerhorn (guitarra eléctrica) y Butch Norton (batería y percusiones), la artista cuyas canciones han tocado desde Tom Petty hasta Emmylou Harris, pasando por Mary Chapin Carpenter, se paseó además con poderío por su imaginería poética y por estilos como el bluegrass, el folk a lo Bob Dylan (con quien compartió gira) y el blues, dominando en todo momento el tempo del concierto, que no llegó a desbocarse.

Para su gira española ha elegido temas desde su disco "Happy Woman Blues", de 1980, hasta su trabajo de estudio más reciente, "Little Honey", de 2008, pasando por los intermedios "Car Wheels on a Gravel Road", de 1998; "Essence", de 2001; "World Whithout Tears", de 2003, y "West", de 2007, además de una versión del "Angel", de Jimi Hendrix, con la que cerró la noche a solas con su acústica.

Diez discos en treinta años pueden parecer pocos para forjar una leyenda como la suya, pero quizá su perfeccionismo, que según algunos críticos llega hasta la neurosis, y su meticulosa atención al detalle, junto con sus letras llenas de personajes conflictivos, muerte, abandono, pérdida y suicidio, la hayan ayudado a consolidar una reputación que le granjea la veneración entre muchos de sus colegas de profesión y la admiración de millones de aficionados.

Considerada por la revista estadounidense Time en 2002 como la mejor autora de canciones de su país de origen y calificada por muchos como la Dylan femenina, a sus 56 años, Williams, con vaqueros desgastados y raídos, cinturón ancho de hebilla grande, camiseta negra de algodón con tirantes en la que se leía "Fuck Off" y un tatuaje en su brazo izquierdo, tenía que apoyarse, no obstante, en las letras dispuestas sobre un atril, quizá porque la memoria falle cuando se elige un repertorio tan variado y del que formaban parte canciones de hace casi tres décadas.

Quienes quieran disfrutar de su música en España, aún pueden hacerlo hoy en Zaragoza, mañana en Madrid y el próximo lunes en Barcelona, donde concluye su primera gira española, que comenzó en Bilbao el pasado martes.

En su concierto de Cartagena, sus últimas palabras fueron "Gracias, amor y paz", en un bastante correcto español.