México, D.F. .- En un momento en que México busca para su selección un técnico que cobre mucho dinero, Juan Antonio Luna, ha sacado la cara por los entrenadores humildes, al llegar desde la segunda división y poner al América en los cuartos de final de la Copa Libertadores de América.
Luna, sin el "glamour" de los estrategas extranjeros que llegan cada año a México, fue llamado al América para dirigir el último partido de liga con el fondo de la tabla garantizado y el de vuelta de los octavos de final de la Libertadores ante el Flamengo de Brasil, al que debía vencer por tres goles en el estadio Maracaná.

Era un trabajo sucio que no iba aceptar ningunos de los "zares" del banquillo que en México suelen ganar muy buen dinero, pero casi nunca ganan títulos; entonces se lo dieron a esta especie de obrero del balón quien anoche completó uno de los milagros más grandes de la historia del fútbol del país.

Lo hizo con la sencilla fórmula de devolver la alegría a un grupo que andaba triste con 12 derrotas seguidas y no tenía rumbo luego del despido por bajo rendimiento del argentino Rubén Romano.

"Primero vamos por Monterrey, luego pensamos en el Flamengo", dijo ante la sonrisa de burla de los detractores del América y también de la mayoría de sus propios hinchas, desconfiados de que un técnico sin fama pudiera hacer milagros.

Le ganó 1-0 al Monterrey del argentino Ricardo Lavolpe, quien ha ganado millones de dólares en México a cambio de un solo título, y enseguida se fue a Río de Janeiro, donde su club goleó 0-3 en el gran estadio Maracaná a un Flamengo aturdido frente a un rival al que todo le salió bien.

Hoy su hazaña ha sido subida a la categoría de milagro por los mismos medios que en las páginas de al lado mencionan al argentino Miguel Angel Russo, un reconocido estratega extranjero, como la inminente contratación del América para sustituir a Luna.

El desprecio en el fútbol mexicano a los entrenadores que no venden es algo común; ahora que la selección nacional necesita un técnico a nadie se le ocurre pensar en Raúl Arias, quien en estos tiempos en el que los entrenadores son despedidos a la primera, permaneció siete años con el Necaxa, y luego convirtió al modesto San Luis en un protagonista de la liga.

Tampoco aparece en la lista de candidatos Guadalupe Cruz, quien llevó al Atlante al título en el torneo pasado o a Daniel Guzmán, un estratega joven que sin ruido mantiene hace rato al Santos Laguna entre lo mejor del circuito.

No ocurre sólo en México ni es nada personal contra ellos, sólo que no saben promocionarse bien, algo clave en estos tiempos de culto a la grandiosidad por encima de lo grandioso, en los que la Federación Mexicana tiene una bolsa de siete técnicos reconocidos para sustituir a Jesús Ramírez, un entrenador que ya fue campeón mundial sub 17, pero no se acomoda a la imagen de técnico dictada por la mercadotecnia.

La historia de Luna no es nada nuevo bajo el sol; el técnico volverá pronto a su sitio en la segunda división, pero por lo pronto hizo que el América jugara con diversión y con esa fórmula maravillosa ante el Flamengo los goles entraron por centímetros de diferencia y los del los rival salieron por el mismo tramo.