Representantes religiosos acusan al pontífice polaco de haber protegido al ex fundador de los Legionarios de Cristo. Foto: Notimex
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Critican el comportamiento del Papa polaco y su impacto en el cristianismo actual. Coinciden progresistas y ortodoxos en sus dudas para reconocer como beato a Karol Wojtyla
Ciudad del Vaticano. Opositores a la beatificación de Juan Pablo II, tanto del ala "progresista" como representantes de la ortodoxia extrema del pensamiento católico, han sustentado sus críticas utilizando el caso del cura pederasta Marcial Maciel Degollado.

Los dos extremos del cuadrante religioso han encontrado en la figura del sacerdote mexicano, fundador de la Legión de Cristo, un argumento para expresar sus dudas sobre la oportunidad de reconocer como beato a Karol Wojtyla.

Apoteosis del anticristo es el título de un boletín francés que ha hecho circular en Roma el grupo La contra-reforma católica, en el cual se resumen severas críticas sobre el comportamiento del Papa polaco y su impacto en el cristianismo actual.

"Un superior religioso dijo en referencia al padre Maciel: jamás habíamos visto que un fundador alcanzara tales grados de perversión. El carisma de una congregación se funda sobre la persona misma del fundador. ¿Cómo reconstruir sobre bases tan pervertidas?", escribió.

"Se pueden aplicar estas palabras a toda la Iglesia -se agrega en el texto firmado por Bruno Bonnet-Eymard-, gran ciudad en medio de las ruinas, reducida a este estado por el pontificado de un cuarto de siglo de un Papa innovador".

A estas acusaciones se sumaron conservadores de lengua inglesa, quienes se declararon "profundamente preocupados" por la beatificación, y para expresar sus "reservas" publicaron una carta en el semanario católico estadunidense The Remnant.

Según la misiva, los motivos de su hostilidad hacia Wojtyla beato nacen de una "pesada herencia" dejada por el Papa, que se traduce en una crisis de la Iglesia, en una enorme pérdida de fieles y en el problema de los abusos sexuales de parte del clero.

"Juan Pablo II rechazó comenzar una investigación sobre los comportamientos de Maciel, pese a las pruebas crecientes de crímenes abominables, sin dar importancia a las antiguas y bien conocidas acusaciones canónicas lanzadas contra él por ocho seminaristas de los legionarios", señaló el texto.

Apuntó que, al contrario, el Pontífice "recubrió de honores" al fundador de la Legión "en medio de una ceremonia pública en El Vaticano, en noviembre de 2004".

Los firmantes (de varios países, como Estados Unidos, Reino Unido, Australia y Argentina) se mostraron también escépticos hacia la "gran presión popular" que aceleró los tiempos de la beatificación, la cual -dijeron- corre el riesgo de convertirse en un "Oscar eclesiástico".

A estas voces se sumaron los lefebvristas, miembros del cismático movimiento Fraternidad San Pio X, que se encuentra fuera de la Iglesia pero que, en los meses recientes, ha sostenido reuniones con el Vaticano para volver a la comunión con Roma.

Su actual superior, el obispo Bernard Fellay, calificó la beatificación de Juan Pablo II como "una catástrofe más desastrosa que todas las catástrofes naturales", incluso peor que el terremoto y el tsunami de Japón.

En una carta de principios de año, dirigida a amigos y benefactores, el prelado aseguró que ese acto desviará una multitud de almas y pondrá en peligro la salvación de millones de personas.

Del otro extremo del pensamiento católico, el Observatorio Eclesial de México, que vincula a instituciones como Católicas por el Derecho a Decidir, Centro de Comunicación Social y el Centro Antonio Montesinos, también se refirió al caso de Marcial Maciel.

En un manifiesto, firmado por 13 teólogos y titulado Llamada a la claridad, se reprochó a Wojtyla haber acabado con la teología de la liberación, haber bloqueado las comunidades eclesiales de base y negarse a dialogar con los fieles comprometidos con la justicia evangélica.