México, D.F. .- Una mala tarde la del español Antonio Barrera, que no dejó huella con su actuación en la quinta fecha de la temporada 2007-2008 en la Monumental Plaza México, en tanto que el rejoneador portugués Rui Fernándes cayó de pie y el mexicano Leopoldo Casasola se jugo la vida para obtener sendas orejas.
En tarde con cielo despejado, aunque un poco ventosa, se lidiaron seis ejemplares de Rancho Seco, bien presentados y desiguales en su condiciones de lidia.

A los de rejones, primero y cuarto, les faltó un poco de raza y emplearse más al caballo, los de a pie, noble pero sin transmisión el segundo, con mucho peligro y emoción el tercero, el de mejor clase para el torero el quinto y deslucido, topón y con media embestida el sexto.

Fernándes, caballero lusitano, cayó muy bien, mostró una excelente cuadra de caballos, estuvo lucido, certero en su puntería con el primero y logró cortarle una oreja. Con el cuarto, realizó la proeza de realizar un cambio "a porta gayola" que provocó conmoción. Después se lució en otras suertes, por matar de un rejón caído perdió otro apéndice, saludo en el tercio.

Barrera no conmovió ni convenció a nadie. Con su noblón segundo estuvo regular, sin mostrar el valor de antaño. Una media y descabello y se silenció su labor. Con el quinto, le sopló el viento, pero él tampoco tuvo la capacidad y el temple para torear al mejor toro del encierro. Media y dos descabello, silencio.

Casasola salió dispuesto a alcanzar el triunfo. Desde el primero quite al segundo. Con el tercero, un toro con mucho peligro y mucho para torear, se la jugó con alegría. Cogido en tres ocasiones, por fortuna sin consecuencias. Siempre estuvo dispuesto y entregado y mató al toro de una soberbia estocada. Una oreja con petición de una segunda y el reconocimiento pleno de la gente.

Con el sexto, siguió en el mismo plan. El toro, sin calidad, topón, deslucido y con media embestida, le robó pases de mucho mérito y mató de una casi entera poco trasera. Ovación al canto.